¿En qué consiste la elegancia?

Parafraseando la famosa confesión de San Agustín sobre el tiempo, si no me preguntan qué es la elegancia, sé lo que es. Pero si me lo preguntan no sé qué responder. Para mi gusto, las campesinas bengalíes son las mujeres más elegantes del mundo; los ovejeros alemanes son los perros más elegantes; la Aralia elegans es la más elegante de las plantas de interiores, y sólo unas pocas de los dos centenares de demostraciones del teorema de Pitágoras son elegantes. Pero no sé por qué.

El Diccionario de la Real Academia Española nos informa que “elegante” significa “dotado de gracia, nobleza y sencillez; airoso, bien proporcionado, de buen gusto”. Supongo que esto vale para las personas. Pero el problema es que solemos aplicar el adjetivo de marras también a otras cosas, tales como plantas, casas, muebles, automóviles e incluso teorías científicas y demostraciones matemáticas. Y ninguna de ellas puede tener gracia, nobleza o airosidad.

Estas excepciones sugieren que el vocablo en cuestión sólo está bien definido para personas o tal vez para organismos en general, así como para artefactos. Hallamos elegantes a ciertas personas y sus atuendos, así como a ciertas joyas, muebles y herramientas. En cambio, no parece tener demasiado sentido hablar de estrellas, planetas, montañas, ríos ni lagos elegantes.

Hay quienes sostienen que también hay perros, gatos, monos, pájaros, reptiles, peces e insectos elegantes y otros, los más, que no lo son. En cambio, nadie pretenderá que los buitres, cocodrilos, bagres, cucarachas o moscas sean elegantes (confieso que, en cambio, los mosquitos, aunque me caen odiosos, me parecen elegantes).

En casos como éste podemos hacer una de dos: o restringir el vocablo a unas pocas clases de cosas, como acabamos de hacerlo tácitamente, o redefinirlo de modo que sea aplicable a un género más amplio. Sugiero que la primera estrategia es equivocada, porque parece natural atribuir elegancia a objetos tan dispares como vestidos y demostraciones matemáticas. Ensayemos, pues, la segunda de las estrategias indicadas.

 

Redefinir la elegancia

Empecemos por recordar un punto metodológico: definir un concepto es reducirlo a uno o más conceptos. Por ejemplo, el número 2 es el entero siguiente al número 1, doblado es no recto, leche es el líquido que segregan mamas y democracia es gobierno por o para el pueblo.

Lo que tienen en común estas definiciones es que son ecuaciones de la forma “concepto definido=concepto (s) definidor(es)”. El primer miembro se llama “definiendum” (lo que se define) y el segundo “definiens” (lo que define).

Ensayemos primero reducir “elegancia” a un único concepto. ¿Qué tal “elegancia=belleza”? Hay casos que parecen confirmar esta igualdad, tales como algunas orquídeas. Pero también hay contraejemplos. Por ejemplo, hay personas elegantes pero feas.

Otro candidato es “elegancia=simplicidad”. Parecería que éste es el caso de las demostraciones matemáticas. En cambio, el mono aullador y la calandria, obviamente elegantes, también son complicados.

Una tercera posibilidad es “belleza=eficiencia”, o sea, el lograr mucho con poco. Los bailarines y los teoremas constituyen un ejemplo. Pero también las estafas logran mucho con poco y, sin embargo, no son elegantes.

Parecería, pues, que la palabra “elegancia” no designa un único concepto sino toda una familia de conceptos. Lo mismo ocurre con muchas otras palabras, tales como “bueno”. En efecto, este adjetivo no significa lo mismo en las expresiones “buen hijo”, “buen maestro”, “buen perro”, “buen pan” y “buen auto”.

El filósofo británico G. E. Moore sostuvo hace un siglo que el calificativo “bueno” es indefinible: que denota una calidad que “superviene” a las propiedades físicas aunque depende de ellas. Desgraciadamente, ni Moore ni sus seguidores definieron satisfactoriamente el concepto de “superveniencia”.

En todo caso, creo que Moore estaba errado, porque la expresión “buen maestro” es una conjunción de propiedades tales como “maestro”, “conoce su materia”, “sabe explicarla con claridad”, “cumplidor”, “comprensivo”, “exigente pero tolerante”, “inspira entusiasmo por su asignatura”, etcétera.

Creo que lo mismo puede decirse del concepto de elegancia: es tan complejo como el de buen maestro. En efecto, decimos de algo que es elegante cuando nos causa una emoción estética parecida a la que nos despierta la contemplación de algo bello y, al mismo tiempo, encontramos que se ajusta a nuestros cánones estéticos. Esta segunda condición contribuye a explicar por qué la elegancia es más efímera que la belleza.

Y en este punto se me acabó la cuerda. Confieso que sigo sin saber en qué consiste la elegancia. Espero que lo averigüe la elegante lectora y me lo cuente.

Por Mario Bunge

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24 comentarios to “¿En qué consiste la elegancia?”

  1. Sebastian Zoltowski Says:

    No me cabe duda Dr. Bunge que usted ya lo ha leído, pero tal vez le valdrá rever el texto que sigue para dilucidar la consistencia de la elegancia. Gracias por su atención.
    Suyo,
    SZ

    Ortega y Gasset. Apéndice al tomo Idea de principio en Leibniz, redactado probablemente en 1947. Texto no incluido en las Obras Completas, publicado en la colección El Arquero, páginas. 375-378.

    “La cosa es endemoniadamente paradójica pero, a la vez, sin remedio. Porque elegir es ejercitar la libertad y resulta que eso —ser libres— tenemos que serlo a la fuerza. Es la única cosa para la cual el hombre no tiene últimamente libertad: para no ser libre. La libertad es la más onerosa carga que sobre sí lleva la humana criatura, pues al tener que decidir, cada cual por si, lo que en cada instante va a hacer, quiere decirse que está condenado a sostener a pulso su entera existencia, sin poderla descargar sobre nadie. Si volvemos del revés la figura de la libertad nos encontramos con que es responsabilidad. Esta es la gran pesadumbre: todas las otras, las pesadumbres en plural, se originan en ella. Al brotar de mi elección las acciones que componen mi vida resulto responsable de ellas. Responsable, no ante un tribunal de este o del otro mundo, sino por lo pronto responsable ante mi mismo. Porque si la acción tiene que ser elegida necesito justificar ante mi propio juicio la preferencia, convencerme de que la acción escogida era, entre las posibles, la que tenía más sentido. En efecto, los diversos proyectos de hacer que de cada situación nos vienen sugeridos no se nos presentan casi nunca como equivalentes. Al contrario, apenas los descubrimos se colocan ante nosotros automáticamente, formando rigorosa jerarquía en cuya cúspide aparece uno de los proyectos como siendo el que tiene más sentido y por tanto el que habría de ser elegido. Si no fuera así, si los varios proyectos de acción posible ostentasen igual dosis de sentido, si fuesen, por tanto, indiferentes, no cabria hablar de elección. Nuestra voluntad se posaría por un azar mecánico sobre cualquiera de ellos como la bolita de la ruleta se queda en el alvéolo de un número: lo cual no es elección sino «buen tun-tun». Elegir supone tener a la vista los diversos naipes que es posible jugar: el óptimo, el simplemente bueno, el que no vale la pena y el que es franco contrasentido. Ciertamente, somos libres para preferir este último, aun a sabiendas de que no es preferible, pero no podemos hacerlo impunemente. La acción insensata o que tiene sentido deficiente, una vez elegida, va a llenar un pedazo incanjeable de nuestro tiempo vital, va a convertirse, por tanto, en trozo de nuestra realidad, de nuestro ser. El albedrío nos ha jugado, pues, una mala pasada. En vez de hacernos ser esa óptima realidad que era posible, en vez de dar paso franco a ese mejor ser nuestro que se nos presentaba como el qué teníamos que ser, por tanto, como el auténtico, los ha suplantado por otro personaje inferior. Esto equivale a haber aniquilado una porción, mayor o menor, de nuestra verdadera vida que ya nadie podrá resucitar porque ese tiempo no vuelve. Hemos vulnerado nuestra propia persona, hemos practicado un suicidio parcial y la herida queda abierta para siempre, mordiendo no sabemos qué misteriosa entraña incorpórea de nuestra personalidad. Cualquiera que sea su calibre tenemos conciencia de haber cometido un último crimen, del que esa mordedura inextinguible es el «remordimiento». Los crímenes íntimos se caracterizan porque el hombre se siente de ellos, a la vez, autor, víctima y juez.
    No hay orden de la existencia, mayúsculo o minúsculo, que no nos fuerce a optar entre hacer las cosas de un modo mejor o de un modo peor. Y es ya pésimo síntoma creer que el drama de la elección se da sólo en los grandes conflictos de nuestra vida, en las situaciones que tienen trascendencia histórica. No: una palabra se puede pronunciar mejor o peor y tal gesto de nuestra mano puede ser más grácil o más tosco. Entre las muchas cosas que en cada caso se pueden hacer hay siempre una que es la que hay que hacer.
    Pero la división más radical que cabe establecer entre los hombres estriba en notar que la mayor parte de ellos es ciega para percibir esa diferencia de rango y calidad entre las acciones posibles. Sencillamente no la ven. No entienden de conductas como no entienden de cuadros. Por eso tienen tan poca gracia y es tan triste, tan desértico el trato con ellos. Esa ceguera moral de la mayoría es el lastre máximo que arrastra en su ruta la humanidad y hace que los molinos de la historia vayan moliendo con tanta lentitud. Son muy pocos, en efecto, los hombres capaces de elegir su propio comportamiento y de discernir el acierto o la torpeza en el prójimo.
    En el latín más antiguo, el acto de elegir se decía elegancia como de instar se dice instancia. Recuérdese que el latino no pronunciaría elegir sino eleguir. Por lo demás, la forma más antigua no fue eligo sino elego, que dejó el participio presente elegans. Entiéndase el vocablo en todo su activo vigor verbal; el elegante es el «eligente», una de cuyas especies se nos manifiesta en el «inteligente». Conviene retrotraer aquella palabra a su sentido prócer que es el originario. Entonces tendremos que no siendo la famosa Ética sino el arte de elegir bien nuestras acciones eso, precisamente eso, es la Elegancia. Ética y Elegancia son sinónimos. Esto nos permite intentar un remozamiento de la Ética que a fuerza de querer hacerse mistagógica y grandilocuente para hinchar su prestigio ha conseguido sólo perderlo del todo. Como esto se veía venir, combato hace un cuarto de siglo bien corrido para que no se trate la Ética en tono patético. La patética ha asfixiado la Ética entregándola a los demagogos, que han sido los destructores de todas las civilizaciones y los grandes fabricantes de barbarie. Por eso he creído siempre que en vez de tomar a la Ética por el lado solemne, con Platón, con el estoicismo, con Kant, convenía entrarle por su lado frívolo que es el más profundo, con Aristóteles, con Shaftesbury, con Herbart. Dejemos, pues, un rato reposar la Ética y, en su lugar, evitando desde el umbral la solemnidad, elaboremos una nueva disciplina con el título: Elegancia de la conducta, o arte de preferir lo preferible. El vocablo «elegancia» tiene además la ventaja complementaria de irritar a ciertas gentes, casualmente las mismas que, ya por muchas otras razones previas, uno no estimaba.”

  2. Fitipaldi Says:

    No dudo, que SZ, goce de una biblioteca excepcional y de que haya leído numerosísimas obras acerca de lo divino y lo humano. Pero amigo/a mío/a, leer es gozo, saber que leer es inteligencia, aplicar lo leído es sabiduría y referenciarlo es perspicacia. Estoy completamente seguro de que usted goza, incluso que es una perosona inteligente pero permitame que no le otorgue los dos últimos adjetivos: sabio y perspicaz. ¿Que COÑO tiene que ver la elegancia con el texto que usted nos acaba de exponer? Si lo pone como modelo de elegancia, me parece que erra profundamente, pues Ortega tiene otros texto de más valor estético que este. Y si no lo hace por eso, solo me que da pensar que es usted GILIPOLAS. Un saludo: Fitipaldi

  3. alexander Says:

    su novela es muy buena doc lae mando mi s felicitaciones ok ai se ve ……….

  4. Claudia Says:

    Totalmente de acuerdo con usted Sebastian Zoltowski, la Elegancia viene de saber elegir. Y Elegir viene de la Libertad, del regalo maravilloso de Dios el LIBRE ALBELDRIO.

  5. isabel Says:

    me encanta la elegancia es lo mejor que hayen una dama

  6. isabel Says:

    elegancia

  7. jimena y diana Says:

    es muy chevere

  8. simon Says:

    Sr. Fitipaldi Ud. pudo elegir sencillas y respetuosas palabras, sin embargo no eligió así. La sabiduría es el principio de todo, incluso de Dios. A usted también le queda mucho por recorrer.

  9. Romina Says:

    Concuerdo en muchos aspectos con usted, pero creo que cabe destacar que la elegancia no esta dada en elementos bellos, si no en aquellas cosas que llaman nuestra atencion, que tienen la capacidad de destacar por sober todo el resto, presenten formas sinuosas, con detalles que quisas a simple vista no se adviertan del todo, pero que inconcientemente estan ahi y son capaces de dejarnos una impersion perdurable en el tiempo, en fin… la elegancia es orgullosa y no le gusta pasar desapercibida

  10. david H Says:

    Estoy de acuerdo con Simon en que la elegancia es libertad. De hecho es la definicion de elegancia que mas ha satisfecho mi inquietud acerca de esta. Esta claro que la elegancia comprende mas cosas ademas de la libertad, pero este es un adjetivo lo suficientemente amplio como para atender las exigencias de lo elegante. Elegante es tu contestacion a Fitipaldi, elegante es la palabra elegante, elegante es cualquier cosa, cuando alguien te dice: mira que elegancia; lo elegante se situa en una capa superior a lo demas, no mejor, ni peor, solo superior, provoca admiracion, respeto, tranquilidad, placer visual. Quieres tenerla.
    Necesito mas acerca de esto.
    Un saludo. David.

  11. Rafael Medrano Says:

    Elegancia, que me importa la definición, pero me enamora una mujer elegante. Elegancia en el vestir, en la conversación, en una mirada atenta y cordial, en un tono de voz. Pero primero que nada, en ser natural, no fingido. La elegancia atrae, como un imán. ¿Por qué brilla el oro?: por eso, por que es oro, no necesita mas, no se complica la existencia. El carbón siempre será carbón, por más que se esfuerce. Pero la pequeña diferencia con los seres humanos, es que la elegancia no natural se puede adquirir. Por medio del esfuerzo diario, cultivarse, preparase, educarse. ¿En qué? en todo, dije en todo. Y después empieza a sentirla, a disfrutarla, pero más que nada sé natural, siempre natural, elimina tu arrogancia, derríbala, se humilde, que no sumiso, humilde. Eres oro, no necesitas más para brillar. Sé elegante, pero no te preocupes por ser elegante. Llega sola; después, o de la mano de tu preparación. Así que la preparación diaria, educarse académicamente, grandes lecturas, aprender a vestir bien (no se necesita dinero), solo usa la cabeza para combinar colores, la ropa que compres elígela bien, etc. Todo eso te da elegancia. Yo no me preocupo de la definición, me resta elegancia. Que se preocupen los grandes eruditos que me arrasan con su elegancia y eso lo respeto y admiro. Mejor aprendo de ellos y disfruto su elegancia.
    En una ocasión leí algo de un libro de Dale Carnegie que decía así más o menos. Una mujer requería cierta información para dar una conferencia. Se preparó y vió a un experto en el tema, ese experto le dió la información necesaria para su preparación, pero ella no se detuvo. Visitó otras personas y lugares relacionados; recabó, por así decirlo, diez veces más información de la necesaria, mucho más de lo que podría decir en la conferencia. ¿Por qué lo hizo? Por que ella sabía que toda esa información que no podría expresar con palabras, le iba a dar más brillo y color a las palabras que si pudiera expresar. Eso es el brillo. ¿Podríamos llamarlo también elegancia?
    Su amigo Rafael Mauricio

  12. simon Says:

    Comparando la Elegancia se sabe que, a muy altas presiones el carbono (principal elemento químico del Carbón), adopta la forma de diamante, igual de natural que el carbón y además brillando como nunca antes. A través del tiempo sigue siendo diamante aunque antes haya sido Carbón.

    Ser tu mismo es lo mejor que puedes hacer, tal como la mujer que describes en ese relato. Si estás consciente de esto y quieres ser más elegante, también puedes… aunque algún tipo de elegancia artificial o no natural aparezca como la mejor definición de una ilusión en el camino.

    Obviando la soberbia y falta de humildad necesaria, la frase del amigo Medrano: “…no me preocupo de la definición, me resta elegancia”, es parte de una buena descripción del pensamiento elegante. Tal como escribe la Real Academia Española, elegante está: “dotado de gracia, nobleza y sencillez.”

    simon, el mismo.

  13. Rafael Medrano Says:

    Tienes razón absoluta Simón, te agradezco tus comentarios; de hecho, con mucha pena, después que lo escribí caí en cuenta jajaja. Bueno, es una lección para tu servidor.
    saludos

  14. Emily Belén Says:

    Señor escritor sabe, a mi me gusta mucho la elegancia desde muy pequeña me han enseñado cosas bellas y he aprendido a ser buena persona y a ser una niña educada y me a dejado muchísimas cosas buenas en la vida. Me gusta su crítica sobre la elegancia, le doy las gracias por su grandiosa explicación y espero haber aprendido lo elegante de mí hermosa existencia.

  15. Rafael Medrano Says:

    Sr. Simòn el mismo, o a quien guste responder. Me podrìa explicar ahora ¿que es clase?.(En una persona). Porque a veces escuchamos no solo la palabra elegante refirièndose a una persona, sino tambièn hablamos de clase. No he encontrado una respuesta que satisfaga mi curiosidad.
    Mucho le agradecèrè su amable respuesta. Gracias de antemano.

  16. simon Says:

    No existe consenso general sobre ello o al menos que yo conozca, pero te puedo dar mi opinión, esperando que otros también opinen al respecto.

    La “Clase” en las personas, se asocia al estado económico y de riqueza material. Sólo en base a esto ¿qué es clase en una persona? Es falso poder, falto de contenido, vaciedad…

    Me atrevo a referir (aunque se puede abrir otro tema) que a partir de algunas cosas de la vida de Jesús de Nazaret, se recibe la falsa teología de la “pobreza aceptada y asumida” lo cual es erróneo. Lean bien: Jesús era de una Elegancia Abundante… éso es Clase, éso es Poder.

    simon, el mismo.

  17. Rafael Medrano Says:

    La verdad, no entendí aquello de la falsa teología de la pobreza aceptada y asumida.
    Tampoco lo de que Jesús era de elegancia abundante, o sea, ¿en que momento esa elegancia abundante se convierte en poder? O quizás, mejor, porque dicen que era de una elegancia abundante? No sé si hago bien la pregunta.
    La verdad Simón el mismo, no entendí. Sin intención de abrir otro tema, ¿podría explicarlo mas ampliamente? De verdad que me perdí .
    Por otro lado me quedó claro lo de que clase es solo estado económico y riqueza material.
    Gracias Simón el mismo
    Su servidor Rafael Medrano

  18. jessica Says:

    Para Emily Belèn:
    Que es una nina muy educada y sobre todo “humilde,” quisiera decirle que “me ha dejado” se escribe con la h. Esta regla ortogràfica no se la han dejado y eso que le gusta la elegancia….

  19. Edgardo Says:

    varias veces no me he creído elegante, y hasta feo, creo que a eso lleva no creerse con esa cualidad. Creo que elegante no es ser pomposo o suntuoso; parece que ser bello es una cualidad más común y ser elegante no lo es tanto.

    Sin embargo, en el mundo de las formas se necesita ser elegante; pienso que lo bello y lo feo aspiran a la elegancia, por lo que creo que ésta cualidad es más noble.

    En el fondo nada es completamente bello o completamente féo, por eso la elegancia no es propiedad de algo o de alguién.

    La elegancia, entonces, nos enseña a ser mas hombres, mas humanos, mas virtuosos, mas completos. Por lo que es una manifestación o cualidad del espiritu humano, y tiene que ver con el físico, sólo de manera secundaria.

    Me alegra mucho tener la puerta de la elegancia abierta.

  20. michoan juan Says:

    estan muy bien mi doc pero les falta muchas cosas ns pero algo tiene y si esta muy bien tedactado att:michoacan juan

  21. omar Says:

    la elegancia consiste en muchas cosa como puede ser ablar con un lenguaje adecuado,muy buenos modales un ejemplo comer bien o no hacer tanto desorden e alguna casa agena.
    consiste en el respeto algo d lo mas importante se puede utilizar en caso del hogar con tu padre o madre ,¿como tomar cubiertos o comer ? pues para ese caso se nececita asesoramiento

  22. hilla ry Says:

    la elegancia consiste en ser una persona pulcra linpia y saberse vestir

  23. hilla ry Says:

    ok!

  24. Anónimo Says:

    La elegancia no se hace….nace en si del ser humano especialmente de la mujer.

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