DICCIONARIO DE FILOSOFIA

Peligro y encanto del orden

 Refiriéndose a la Enciclopedia de Diderot y D´Alembert, John Lough se pregunta si se trata de una "obra de consulta o de una machine de guerre". El mismo interrogante cabe para el Diccionario de filosofía de Mario Bunge. "Lejos de ser neutral, adopta un punto de partida naturalista y cientificista", aclara en el prefacio el filósofo argentino, radicado en Canadá desde 1963, actualmente profesor del departamento de Filosofía de la Universidad de McGill, Montreal.

Como en Dr. Jekyll y Mr. Hyde, puede pensarse que en este diccionario hay dos Bunge. Uno de ellos, autor de las entradas del diccionario que tratan sobre conceptos afines a su propia perspectiva filosófica, alcanza un grado notorio de consistencia y claridad. Las definiciones y discusiones de términos relativos a los fundamentos de lógica, matemática y ciencias naturales, a cuestiones de formalización de conceptos, como el polémico de "paradigma", o demarcación y alcance de disciplinas componen una red compacta, expresada en un estilo austero acorde con la estricta noción de racionalidad que se promueve.

En la entrada "problema mente-cuerpo", por ejemplo, una de las más extensas junto con "lenguaje" y "lingüística", se presentan diez enfoques filosóficos de la pregunta "¿qué es la mente y cómo se relaciona con el cuerpo?" Bunge somete cada uno de ellos a la exigencia de inteligibilidad, coherencia interna, sistematicidad, literalidad, contrastabilidad, prueba empírica, coherencia externa, originalidad, potencia heurística y solidez filosófica. El análisis le permite concluir que sólo una de estas concepciones supera la prueba: el materialismo emergentista, que es la filosofía que subyace a la neurociencia cognitiva.

Una mención especial merecen las entradas "tiempo", "flecha de tiempo" y "lógica temporal", que aclaran equívocos recurrentes, y "sistemismo" -concepto que pertenece al arsenal ontológico y epistemológico de Bunge-, donde se hace referencia a la fragmentación del conocimiento actual como consecuencia de "la especialización excesiva del trabajo científico que comenzó a principios del siglo XIX y por la consecuente pérdida de una perspectiva filosófica".

Ahora bien, la transparencia apacible que podría derivarse de estos análisis es desmentida por una segunda voz algo crispada cuando se trata de definir y discutir nociones o enfoques que no se ajustan a los patrones de naturalismo y cientificismo. Entonces aparece otro Bunge, irónico, displicente y, en ocasiones, feroz, como ocurre con la sorprendente entrada "carroñero filosófico", donde se lee: "Alguien con cierto don para detectar y degustar basura seudofilosófica".

Con menos agresividad, aunque con parejo descuido, son tratados los términos "absurdo", "desconstruccionismo" ("No debe tomarse en serio excepto como indicador de decadencia"), "existencialismo", "romanticismo", "inconmensurable". Del término "metáfora", por ejemplo, se dice que es "peculiar de la poesía, del pensamiento arcaico, del discurso político bajo un régimen tiránico y de las meditaciones posmodernas".

Podríamos decir, evocando y extendiendo una ocurrencia de Borges, que la idea de que un diccionario de filosofía puede leerse como literatura fantástica queda probada en la entrada "Dasein", ser-ahí, la "marca de fábrica del existencialismo", donde Bunge despliega con humor corrosivo toda una colección de términos "que todavía no han usado los existencialistas", como Hiersein (ser-aquí), Dortsein (ser-allá), Irgendwosein (ser-en algún lugar), o de "preguntas metafísicas profundas" como "Was ist das Sein des Nirgendsniemalsseins? (¿cuál es el ser del ser-nunca-en ningún lugar?)". La discusión se cierra con un equívoco llamado de atención: no confundir Dasein con Daschwein (allí-cerdo).

Durante los últimos cincuenta años, Bunge hizo de la filosofía un campo de batalla. La composición del Diccionario… pone en evidencia que para el autor la guerra sigue en pie. ¿La guerra contra quién o contra qué? La respuesta sencilla podría ser contra otras posturas filosóficas, disciplinas, teorías o algunos aspectos de esas teorías que escapan a la posibilidad presente o potencial de evaluar sus afirmaciones mediante procedimientos tomados de la metodología científica. Pero también, como dice Ernesto Sabato, tal vez se trate de una guerra contra los propios fantasmas. En el prefacio del Diccionario… puede haber una pista: "La genuina filosofía debe alumbrar, no abrumar; iluminar, no oscurecer; ayudar a vivir una vida agradable, no preparar para una jubilación ociosa, ni mucho menos para la muerte".

El Diccionario de filosofía de Bunge es indudablemente valioso, sobre todo porque en él se condensa toda la vida de un profesor dedicada con lucidez y tenaz perseverancia a construir una postura filosófica en los extremos del racionalismo cientificista. En este sentido, si hay honestidad intelectual -como es el caso de Bunge-, los extremos suelen presentar una enseñanza adicional que se suma a la de los propios aciertos: la nitidez con que se ponen en evidencia los propios límites de lo afirmado.

Diego H. de Mendoza

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