Por el librecambio de ideas

Por Mario Bunge
Para La Nación
  

MONTREAL
LA fragmentación de las ciencias sociales es notoria. Cada una de ellas tiene sus propias asociaciones, revistas y departamentos universitarios. Estos últimos están a veces alojados en facultades diferentes, para evitar toda contaminación. Por ejemplo, más de una universidad tiene su propia facultad de economía, pero agrupa las demás ciencias sociales junto con las humanidades. Otro ejemplo: los mismos economistas que predican el librecambio de mercancías suelen resistirse al librecambio de ideas entre la llamada ciencia económica y los demás estudios sociales.
¿Es razonable y deseable esta fragmentación conceptual e institucional? Sugiero que no lo es, porque todas las ciencias sociales estudian lo mismo, a saber, la sociedad, aun cuando cada una de ellas enfoca algún sistema o aspecto particular de esa totalidad. Pero, ¿quién se ocupa de los lazos entre sistemas y propiedades de distintos tipos? Por ejemplo, ¿qué especialidad estudia la distribución del ingreso, cuál la relación entre ingreso y longevidad, o entre salud y productividad, entre religión y política, entre ciencia y desarrollo económico, o entre técnica y Estado? Puesto que hay problemas interdisciplinarios, como éstos y muchos otros, debería haber interdisciplinas, es decir, campos de investigación híbridos.

Estudios interdisciplinarios

De hecho, algunas de estas interdisciplinas ya existen, aunque casi todas ellas están subdesarrolladas. Por ejemplo, existe la sociología económica, e incluso una simbiosis aún más íntima, la socioeconomía. En cambio, la biosociología no existe como disciplina. Sólo hay algunos estudios sobre problemas biosociales, como los que versan sobre la correlación positiva entre ingreso y longevidad, y la correlación negativa entre las políticas económicas neoliberales y la salud. Pero estos estudios interdisciplinarios son poco numerosos y están dispersos.

En cambio, abundan las fantasías sociobiológicas incomprobables, que pretenden que todas las características mentales y sociales del hombre moderno se fijaron en el genoma humano hace 50.000 años, cuando los primeros especímenes de Homo sapiens sapiens recorrían las sabanas de çfrica Occidental. Esta tentativa de reducir las ciencias sociales a la biología, y en particular a la genética, son divertidas pero inverosímiles. No explican las invenciones sociales (como la seguridad social y la Internet) ni la enorme diversidad y mutabilidad de organizaciones sociales pese a la uniformidad genética básica de todos los humanos.

Ha habido otros intentos de unificar los estudios sociales por vía reductiva, por ejemplo, tratando todo lo social como caso particular de lo económico. La primera tentativa de este tipo fue la de Marx, para el cual la cultura y la política reflejan las relaciones de producción. Pero de hecho la cultura no es pasiva, sino que a menudo inicia cambios económicos y políticos, como ha ocurrido con la alfabetización masiva, la difusión de prácticas higiénicas y la revolución informática. Tampoco la política es un reflejo pasivo de las relaciones económicas. Si lo fuera, los conservadores ganarían todas las elecciones, y acaso terminarían por eliminar las elecciones por considerarlas gastos innecesarios.

Un siglo y medio después aparecieron los modelos de acción racional, que pretenden que todo acto social, sin excluir el matrimonio ni el culto religioso, se propone maximizar las utilidades esperadas. Pero el interés, que sin duda obra, no explica los actos desinteresados, como los motivados por la solidaridad, el amor, la curiosidad, la costumbre o la compulsión.

Quien no crea en estos reduccionismos ingenuos debe preguntarse cómo unificar los estudios sociales sin sacrificar la diversidad de la vida social ni recurrir a hipótesis incomprobables. Creo que un enfoque filosófico de dichos estudios puede ayudar a unificarlos, ya que el filósofo es un generalista que intenta descubrir lo que es común a cosas, procesos o ideas a primera vista diferentes.

Consideremos un hecho social común, por ejemplo un llamado a huelga en una empresa o la gestión de una sociedad vecinal de fomento con objeto de lograr la intervención del gobierno municipal para eliminar un foco de contaminación ambiental. Ambos casos son ejemplos de conflictos que se pretende resolver mediante acciones cooperativas.

O sea, en ambos casos se enfrentan sistemas sociales que son internamente cohesivos hasta cierto punto: empresa y sindicato, sociedad de fomento y contaminador. Los intereses en juego son en parte económicos, los mecanismos sociales son en parte políticos, y la movilización y eficacia de los actores dependen en parte de su nivel de educación y de su orientación ideológica. Además, los actores se mueven dentro de un marco institucional, a tal punto que acaso consulten a abogados especializados en legislación obrera o en derecho ambiental.

Puentes entre especialidades

¿A quién corresponde estudiar estos casos? A psicólogos sociales, antropólogos urbanos, sociólogos, politicólogos, economistas y juristas. Cada uno de estos expertos captará un lado del poliedro. Pero solamente quien abarque todos los lados del poliedro lo comprenderá cabalmente y podrá controlarlo con alguna eficacia.

Lo dicho sobre las ciencias sociales también vale para las técnicas o ingenierías sociales, es decir, las disciplinas que se proponen controlar el comportamiento social. Por ejemplo, la buena gestión empresarial involucra conocimientos de economía, sociología industrial y psicología social. En algunos casos también será necesario averiguar las tendencias demográficas. Por ejemplo, la disminución de la fertilidad, junto con la extensión de la longevidad, aconseja apuntar al mercado geriátrico más que a los pañales y sonajeros.

En suma, tanto para entender los hechos sociales como para controlarlos se hace cada vez más necesario unificar las ciencias y técnicas sociales. Y para lograr esta finalidad conviene que los estudios sociales tengan un núcleo común, que se construyan más puentes entre las distintas especialidades y que se adopte un enfoque filosófico

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