Pimiento y filosofía

  Por Mario Bunge
Para La Nación
MONTREAL.- ¿QUE puede tener que ver el pimiento con la filosofía? Paciencia, y se verá que ambos artículos pueden envenenar.

El pimiento (o chile, o ají picante) contiene una sustancia alevosa, la capsaicina, que ataca las células nerviosas, en particular las papilas gustativas de la lengua y el paladar. Una exposición prolongada a la capsaicina mata esas células.

¿Qué pasa cuando se ingiere un trozo de pimiento? El efecto depende de si el sujeto es novicio o está habituado. Si lo primero, siente un dolor intenso. Si para aplacarlo toma un sorbo de agua, empeora la cosa, porque distribuye el veneno por toda la boca. El mejor remedio es llenar la boca de alimento, para que absorba el tóxico. (Aún mejor es abstenerse de ingerir el veneno.) El dolor que siente el novicio es igual al de una quemadura. Por esto, en inglés "picante" se dice hot , como "caliente". El motivo de la identidad de sensaciones es que los nervios atacados son los mismos que transmiten los mensajes que causan la sensación de quemadura. El cerebro no las distingue porque recibe el mismo mensaje en los dos casos.

Es decir, el canal transmisor del estímulo no discrimina entre "picante" y "caliente". Este hecho es incomprensible según el esquema conductista, en el cual estímulos de clases diferentes causan respuestas cualitativamente distintas.

La psicología de caja negra

Y éste es el primer dividendo filosófico de nuestro furtivo encuentro con el pimiento, a saber, que el externalismo es falso. En particular, la psicología de caja negra u organismo vacío, carente de sistema nervioso, es excesivamente tosca. La respuesta a un estímulo no se debe únicamente a éste, sino a éste combinado con el estado en que está el sistema nervioso.

El efecto de la capsaicina es muy diferente tratándose de un adicto al pimiento. Este ya tiene el paladar estragado: sus papilas gustativas están tan dañadas que, para poder sentir algún gusto a la comida, debe condimentarla en exceso. Cae así en un círculo vicioso: para disfrutar de la comida le pone cada vez más pimiento, el que le disminuye la capacidad de disfrutarla, lo que a su vez lo impele a agregarle condimento.

El mecanismo de acción de la capsaicina fue puesto en evidencia recién a fines de 1997 por un puñado de biólogos, bioquímicos y farmacólogos que trabajan en el laboratorio dirigido por el profesor David Julius, de la Universidad de California en San Francisco. Esta investigación es típica de la neurobiología contemporánea, porque abarca todos los niveles de organización pertinentes: molecular, celular y organísmico.

Se rastrea el proceso desde el momento en que es desencadenado por la molécula de capsaicina hasta el momento en que el cerebro siente dolor. Dicha molécula activa un canal o poro en la membrana celular, por el que pasa un flujo de iones de calcio y sodio. A su vez, este flujo excita las fibras nerviosas que conducen las señales de dolor a través de la médula espinal hasta llegar al cerebro. Cuando el flujo iónico es intenso y prolongado, mata las células receptoras.

Hasta aquí llega, por el momento, la biología pura. Pero aquí empieza un nuevo capítulo de la medicina: el uso del pimiento para aliviar dolores crónicos, tales como los de la artritis reumatoide y las neuropatías virales y diabéticas. La idea es simple: la capsaicina puede actuar como analgésico, al matar las células nerviosas que conducen impulsos nocivos. ¡Por fin se le ha encontrado utilidad al maldito pimiento!

Ni el placer ni la utilidad

Se ha develado, pues, un misterio biológico, lo que dará sabrosos dividendos farmacológicos. Pero queda el misterio psicológico, a saber: siendo que el pimiento es tóxico y causa dolor, ¿por qué lo comen centenares de millones de personas desde México y Bolivia hasta la India e Indonesia?

No se sabe, pero esperemos que a alguien se le ocurra investigar la cuestión. Al fin y al cabo, se han resuelto misterios mucho más profundos, tales como el del origen de la luz solar y los mecanismos de la evolución biológica y del aprendizaje.

La segunda conexión del pimiento con la filosofía es ésta: el consumo de pimiento y otros venenos falsea la creencia de que el principal motor de la actividad humana es la búsqueda del placer o la utilidad, y la consiguiente huida del dolor y la pérdida. En efecto, si esta creencia fuera cierta, nadie consumiría pimientos, whisky, filosofías incomprensibles, religiones pesimistas ni músicas tristes.

La creencia de que todos los humanos somos hedonistas consecuentes pertenece no sólo a las filosofías optimistas, sino también a todos los modelos de elección racional, tan de moda en las ciencias sociales, desde la antropología hasta la historia, pasando por la sociología, la economía política y la politicología.

En efecto, ¿cómo pueden calificarse correctamente de racionales acciones tan irracionales como lo son embriagarse, drogarse, mutilarse y leer textos incomprensibles? La conclusión es que, aunque siempre podemos ser racionales, de hecho no lo somos siempre.

Cápsulas de sabiduría popular

La consecuencia teórica es que la acción humana se explica no sólo por la deliberación sino también por la pasión. Y no podemos saber a priori cuál de estas dos fuerzas habrá de primar en un caso dado. Por ejemplo, en un restorán podemos oír instrucciones mutuamente incompatibles como éstas: -¡Mozo! ¡Póngale un par de ajíes a la ensalada! [¡Bendita sea la capsaicina!] -¡Mozo! ¡No le ponga ni una pizca de ajíes a la ensalada! [¡Maldita sea la capsaicina!] Obviamente, algunos necesitamos tomar cursos de reeducación gustativa, ilustrados con transparencias que muestren los estragos anatómicos que causan algunos de nuestros alimentos favoritos.

Para que tengan la apariencia de seriedad académica, estos cursos deberán ser mechados con reflexiones filosóficas acerca de las ventajas teóricas y prácticas del enfoque neurobiológico de los fenómenos mentales.

También convendrá agregar algunas cápsulas de futura sabiduría popular, tales como "Tómelo con filosofía: tómelo sin ají", "La mentira me duele más que el pimiento" y "Desconfíe del negocio fácil tanto como del ají"

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