¿Privatizar la función pública?

Por Mario Bunge
Para La Nación
 MONTREAL
Quienes atribuyen todos los males públicos al Estado, y preconizan la privatización de todas las funciones, todavía no han propuesto la privatización de las funciones públicas. No desesperemos. Es indudable que esta idea se le ocurrirá a algún entusiasta de la iniciativa privada.

De hecho, hubo países y épocas en que esto sucedió: sin remontarnos tan atrás como la antigua Roma (recuérdense los odiados publicanos), Francia entre el reinado de Luis XII y la Revolución de 1789. Nos lo cuenta Alexis de Tocqueville en su admirable libro El Antiguo Régimen y la Revolución , que, aunque publicado en 1856, tendría que ser de lectura obligatoria para los estudiosos de la sociedad.

Durante ese período, la Corona francesa vendió miles de funciones públicas, algunas útiles y otras inútiles o aun perjudiciales. Los compradores de cargos públicos eran ricos burgueses aspirantes a hidalgos. Lo que compraban era el derecho a dirigir, controlar y obligar a los ciudadanos comunes. El funcionario era tan poderoso, que podía enriquecerse en el ejercicio de su función. Esto ocurría particularmente si se ocupaba de cobrar algunos de los múltiples impuestos que pesaban entonces sobre todas las actividades lucrativas.

El burgués gentilhombre

La administración pública era abultada porque la Corona estaba siempre sedienta de fondos y, en lugar de gravar al clero y los nobles, que entre ellos poseían la mayor parte de la tierra, gravaba al "tercer estado" (labradores, industriales, comerciantes, artesanos y profesionales). Y siempre había compradores de funciones públicas, porque desempeñarlas (de hecho o sobre el papel) confería prestigio, al mismo tiempo que excitaba la envidia de los demás burgueses y el desprecio de los nobles de cuna. Recuérdese cómo se burló Moliére del burgués gentilhombre en su deliciosa comedia. Casi tres siglos después, seguimos teniendo ocasión de referirnos al ignorante y vanidoso Monsieur Jourdain, que había descubierto tarde que había estado hablando en prosa toda su vida.

Obviamente, los actos de los funcionarios que habían comprado su cargo, aun de los probos, provocaban las iras de los contribuyentes. Más de una asamblea popular proclamó: "Quien vende cargo público vende justicia, lo que es infame". Lavoisier, el padre de la química moderna, pagó con su vida el título de nobleza que había recibido por la compra de la función de fermier général ("recolector general de rentas", y no "granjero general", como tradujo cierto historiador español de la ciencia).

La corrupción de la función pública privatizada era inevitable porque el funcionario sólo respondía al poder central, y su eficacia se medía solamente por la cantidad de dinero que recaudaba para la Corona. Tocqueville sostiene que dicha corrupción fue una de las principales causas de la Revolución de 1789.

¿Qué sucedería si se privatizara la función pública en una sociedad contemporánea? No es necesario inventar para responder esta pregunta. Basta observar lo que ya sucede en casi todas las naciones del Tercer Mundo, donde las funciones públicas se otorgan graciosamente a los amigos y clientes de los políticos poderosos, o se venden lisa y llanamente a quien pueda pagar la "mordida".

El pintoresco mexicanismo que acabo de usar me recuerda que se ha denunciado más de una vez que los comisarios de la policía mexicana venden los puestos de policías. Al parecer, los agentes de policía deben pagar una suma al contado y el resto en mensualidades mientras duren. Para poder hacer estos pagos, los agentes imponen gravámenes arbitrarios a los comerciantes del barrio que les toca, y multas injustificadas a los automovilistas.

La mordida mexicana

Cuando residí en la ciudad de México, hace un cuarto de siglo, aprendí esta regla del juego al cabo de un par de meses: para sobrevivir me corrompí yo mismo. Igualito que los vigilantes. En lugar de protestar mi inocencia, pedía disculpas por la infracción imaginaria, hacía inmediatamente efectiva la multa, y le rogaba al agente de policía que me ahorrara la comparecencia ante el juez, depositándola él mismo, ya que yo estaba sumamente ocupado. El agente me respondía con la proverbial cortesía mexicana: "Con mucho gusto, señor. A sus órdenes, señor. Buenas noches, señor". Todo se reducía a una sencilla transacción entre señores. ¿Para qué hacer intervenir el interés público cuando la función pública se ha simplificado al privatizarse?

Para que haya una administración pública honesta, competente y eficiente, es necesario que se cumplan cinco condiciones. Primera: el funcionario debe saber que es un servidor público, y no un sirviente del ministro o del comisario de turno. Segunda: el funcionario debe ser inamovible, aunque, al mismo tiempo, debe someterse a las generales de la ley. Tercera: el funcionario debe tener un título universitario, debe ser designado por concurso público y debe continuar su educación a lo largo de toda su carrera. Cuarta: el funcionario debe ser bien remunerado. Quinta: el funcionario debe pertenecer a una corporación o a un sindicato que lo proteja cuando se le exija que traicione el interés común.

Solamente un funcionario que cumpla estas condiciones puede tener el orgullo profesional y el coraje necesarios para objetar a su superior circunstancial: "Lo siento, señor ministro (gobernador, juez, alcalde, comisario, o lo que corresponda), pero lo que usted propone requiere un estudio previo (o es demasiado costoso, ilegal, o inmoral)". Ningún "cuentapropista" y ningún concesionario podría gozar de tal independencia.

Cuando el Estado es excesivamente abultado, no se lo achica racionalmente enajenando o eliminando sus funciones útiles, sino aumentando las exigencias para servirlo. Que de esto se trata: de servicio al público

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: