Pensador polémico

  LA RELACION ENTRE LA SOCIOLOGIA Y LA FILOSOFIA
Por Mario Bunge
 A lo largo de más de 60 años de labor en el campo de la filosofía de la ciencia (su primer trabajo es de 1939), Mario Bunge ha publicado unos 80 libros y cerca de 500 artículos en revistas especializadas o en medios periodísticos. Por su labor como docente e investigador, tanto en el país como en el exterior (reside en Canadá desde hace casi 40 años), ha sido destacado como uno de los pensadores argentinos más importantes de la segunda mitad del siglo xx. Pero, junto a ese reconocimiento como epistemólogo, Bunge también se ha hecho acreedor a cierta fama de pensador polémico. Sus expresiones en relación con temas tan diversos como la política, la educación, el arte, la religión y, por supuesto, el psicoanálisis suelen provocar controversias cada vez que visita Buenos Aires o aparece alguna publicación de su autoría. En La relación entre la sociología y la filosofía , su último libro, escrito originalmente en inglés y compuesto por algunos textos inéditos y otros ya publicados, ambas facetas, la del académico y la del intelectual polémico, están cabalmente representadas.

Bunge enuncia el objetivo de su trabajo con una metáfora: "El problema es transformar una desordenada y estéril unión de hecho -entre filosofía y sociología- en un matrimonio legal y fértil". En la actualidad, critica Bunge, los filósofos que dicen ocuparse de las ciencias sociales -y toma como ejemplo a Habermas, Putnam y Searle- conocen muy superficialmente los planteos y problemas específicos de dichas ciencias y, a su vez, los científicos más idóneos desprecian la filosofía, aun cuando se ven obligados a improvisar marcos filosóficos que les permitan dar sentido a su propia tarea. Bunge distingue dos modos en que la filosofía debería contribuir al progreso de la sociología. Por un lado, "identificando problemas, analizando y refinando enfoques, elucidando conceptos generales, descubriendo presupuestos, analizando y organizando teorías, evaluando pruebas, fomentando conexiones interdisciplinares"; por otro, "desenmascarando tendencias seudocientíficas y anticientíficas".

Para realizar su aporte al primer grupo de cuestiones, el epistemólogo analiza críticamente la teoría de la elección racional, la filosofía social de Popper y el constructivismo y ofrece una exposición clara y rigurosa del tipo de explicación que considera más apropiado para las ciencias sociales: la explicación mecanísmica (aquella que "para explicar la emergencia de una cosa concreta o de sus cambios devela el mecanismo o los mecanismos por los que llegó a ser lo que es o el modo en que cambia"). Para estar a tono con la segunda función, la "desenmascaradora", arremete contra aquellos a los que denomina "los enemigos de la ilustración". ¿De quiénes se trata? La lista es extensa. Para mencionar sólo algunos de los nombres que Bunge coloca en esta categoría citemos a Nietzsche, Dilthey, Bergson, Husserl, Heidegger, Althusser, Sartre, Foucault, Derrida, Feyerabend, Rorty y las "feministas radicales".

En el calor de la defensa de lo que considera "auténtica filosofía", nombre usurpado por estos enemigos de la razón ilustrada, según Bunge, define el existencialismo como "un revoltijo de sinsentidos, falsedades y perogrulladas", la fenomenología como una "extravagancia" que conduce al investigador a "centrarse en la conducta individual y negar la existencia de sistemas sociales y hechos macrosociales", señala a los humanistas como promotores de "estudios sociales de café" y denuncia a las feministas radicales ("interesadas en el poder, no en la verdad") porque "su ataque contra la ciencia aleja a las mujeres de los estudios científicos y así refuerza su posición subordinada en la sociedad moderna".

¿Cuál es la propuesta de Bunge ante quienes cuestionan nociones caras a la epistemología como la objetividad, la neutralidad o la racionalidad científica? La intolerancia: "Todo cuerpo académico tiene el deber de ser intolerante frente a la contracultura y la seudocultura"; "deberíamos expulsar a los charlatanes de la universidad antes de que la deformen hasta hacerla irreconocible".

Tanto por la claridad y la solidez argumentativa de sus consideraciones propiamente epistemológicas como por la frontalidad de sus embates, La relación entre la sociología y la filosofía es, como fiel exponente del pensamiento de Bunge, un libro que no decepcionará ni a adeptos ni a adversarios.

Gustavo Santiago

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