Se buscan patriotas que superen las divisiones

  Por Mario Bunge
Para La Nación
 Los argentinos parecen concordar en un solo punto: el país yace en el fondo de un pozo hondísimo. Para peor, el pueblo argentino está profundamente dividido.

El Poder Ejecutivo está trabado por los poderes Legislativo y Judicial. Los empresarios marchan por un lado y los obreros por otro. El movimiento obrero está dividido. Los productores van por un lado y los financistas por el opuesto. Los múltiples partidos están divididos y carecen de ideas nuevas. La Iglesia, muda durante la dictadura, ahora está siempre dispuesta a criticar (a menudo con razón). Sigue la incógnita sobre lo que podrían hacer las Fuerzas Armadas. Los llamados economistas repiten dogmas apolillados e ignoran que hay un sector de la economía en el que rige la ley de los rendimientos crecientes: la economía basada en la investigación científica, la que no practican, pero desprecian. Mucha gente sigue viendo el espejismo de la globalización, que de hecho sólo beneficia a los poderosos. Etc., etcétera.

En resumen, nuestro país se ve cada vez más fragmentado en facciones más interesadas en arreglar cuentas y lograr ventajitas a corto plazo que en reconstruir la Nación. ¡Qué diferencia con la actitud que predominó en el país en seguida después de la batalla de Caseros! No desapruebo las diferencias de opinión. Lo que critico es la falta de opinión y debate, y una división tan extrema que hace que un país se torne ingobernable y vaya a la quiebra.

Parecería que, por bueno que fuese el gobierno nacional, el país seguiría siendo ingobernable porque tendría la oposición de todos los grupos y grupitos de intereses especiales.

¿Quién será el cirujano capaz de coser al pueblo argentino, y quién será el pocero que lo saque del pozo? No es difícil imaginar un plan para ejecutar estas operaciones, e incluso un plan cuya instrumentación beneficie a todos, menos a un puñado de malandrines. Pero para coser un país muy dividido y sacarlo del pozo en el que se metió voluntariamente no bastan ideas, por buenas que ellas sean. También hace falta una brigada numerosa de gente competente, abnegada y dispuesta a coser al paciente y construir la escalera en el pozo.

Para que un proyecto nacional triunfe, debe conquistar el apoyo de la mayoría, y para ello, debe servir a la mayoría, aun cuando le exija sacrificios. Debe ser popular sin caer en el populismo. ¿Hay gente dispuesta a unirse para poner en práctica un proyecto nacional de salvación? Creo que sí, porque conozco a unos cuantos. Pero pertenecen a partidos diferentes o a ninguno.

Es preciso que se junten auténticos patriotas y elaboren un proyecto de salvación nacional vendible a todas o casi todas las agrupaciones políticas, así como a todas las asociaciones no gubernamentales salvo las delictivas. Se podría comenzar modestamente, con una reunión de notables. Vale la pena intentarlo

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