La verdad sobre todo

Crisis y Reconstrucción de la filosofía 

Por Jorge Pinedo

Dado que todas y cada una de las escuelas filosóficas están, con certeza, descarriladas del tranway de la historia, Mario Bunge se propone resituarlas en tanto “partera de ciencias y faro de la acción”. No sólo repensándolas “correctamente, sino en grande”, contra el “pensamiento débil y la consiguiente imposibilitada producción literaria”. Más o menos ingenuos, Aristóteles, Kant, Hegel, Marx, el positivismo, el pragmatismo, etc., están en ruinas.
Ni qué hablar de Schopenhauer, Nietzsche, Freud, Heidegger o Derrida, responsables de los “fraudes y éxitos comerciales más grandes de todos los tiempos”, autores que, con necedad, se niegan ante la evidencia de la “localización cerebral de las facultades mentales” no menos que a poner a prueba sus tesis y otorgarle objetivo sustento material a sus hipótesis. Ignorantes de que la “buena filosofía” ha de edificarse con los materiales sustanciales aportados por la ciencia y la tecnología, con las herramientas provenientes de la lógica y la matemática. Por lo tanto, las pseudo (cuando no anti) ideas propugnadas por los Lévi-Strauss, Foucault, Zizek, Badiou, Vattimo, Agamben y demás chantapufis se escurrirán por el water pese a sus pretensiones de ocupar las tapas de Leoplán.
Contundente argumentación a favor del bien y contra el mal proporciona el más reciente ingenio de Mario Bunge, Crisis y reconstrucción de la filosofía, volumen donde no sólo eleva a su apoteosis la anunciada resurrección sino, con la generosidad que lo caracteriza, propende mediante rigurosas fórmulas a la optimización ética, moral y hasta política del orbe. De implacable, irreductible lógica, sin ir más lejos, demuestra: humanismo – tecnología = estancamiento social; tecnología – humanismo = declive social; y humanismo + tecnología = progreso social. ¡Ya está!
Pues, justamente, quien cultiva el “humanismo secular”, sistémico, el auténtico “materialismo científico”, no es otro que aquel que está justificado por quince doctorados, cuatro cargos de profesor honorario, el premio Príncipe de Asturias, cuarenta libros y la titularidad de la cátedra de filosofía de la McGill University de Montreal, Canadá. En cuya lengua sajona —que es la de la ciencia, hoy por hoy— escribe el fisicomatemático argentino.
Bunge, para quien aún no lo quiera ver, encarna el raciocinio y la corrección política capaces de iluminar verdades evidentes, por más veladas que se hallen al espíritu del común de los mortales. Compruébese: “Cada venta de una grabación de música rock contribuye a la degradación de la cultura”.
Alivia que un “trabajador de la industria del conocimiento” utilice el poder de la Razón a fin de iluminar mentes abstrusas, encandiladas por el análisis y la interpretación, presas de principios idealistas que los alejan del rigor “plausible” (“Un sistema social humano es un sistema social compuesto por seres humanos…”). Método y sistema, lógica y rigor, palo y a la lona, es lo que evita la tautología (“Las ciencias sociales estudian sistemas sociales”), aun la perogrullada (“Todo ser humano pertenece al menos a un sistema social”).
Porque “los humanos filosofan a partir del momento en que cobran conciencia”, Mario Bunge vuelve a emerger cuan heraldo y adalid, precisamente, de la conciencia y de nada más que la conciencia. Valiente cruzado de la Verdad en un mundo “compuesto exclusivamente por cosas concretas”, Bunge debe luchar contra los mercenarios impulsores de las “ideas separadas de las cosas y flotando sobre ellas”. Y ésta, su aguardada entrega, figura al modo de espada, lanza, ariete, afilado facón.

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