El verbo “ser” ya no tiene razón de ser

¿Cómo se analiza el enunciado “Adán es perezoso”? Si se consulta a un gramático o lógico chapado a la antigua, dirá que tiene tres componentes: sujeto (Adán), predicado (perezoso) y la llamada cópula “es”, que une o pega el predicado al sujeto.

Ahora bien, a primera vista las ideas de sujeto y predicado parecen claras. Los sujetos son o nombran hechos, cosas o personas, y los predicados son o nombran propiedades de los mismos. En cambio, nadie sabe a ciencia cierta qué es “es”.

A segunda vista, tampoco las ideas de sujeto y predicado son claras. Por ejemplo ¿cuál es el sujeto en la oración “Adán y Eva se aman”? Obviamente, este enunciado tiene dos sujetos: los amantes en cuestión. Pero no es evidente que “se aman” sea un predicado de la misma clase que “joven”. Se dice que el primero es binario y el segundo unario.

Estas dificultades no se presentan en la lógica moderna, nacida hace poco más de un siglo. Por lo pronto, la partícula “es” queda absorbida en el predicado unario, que ahora se piensa, por ejemplo, como “es perezoso”. Y la partícula “se”, en la frase “se aman”, queda absorbida en el predicado binario “se aman”.

El primer enunciado se puede abreviar “Pa”, y el segundo “Aae”. En esta fórmula, P es un predicado unario, mientras que A es un predicado binario. Los predicados unarios designan propiedades intrínsecas, y los binarios propiedades relacionales.

Aquí no para la cosa: también hay predicados ternarios, tales como estar entre dos lugares dados, y cuaternarios, tales como vender una mercancía a un precio y a un comprador.

En otras palabras, no decimos de una cosa que está “entre”, sino que está situada entre otras dos. De modo que podemos escribir Eabc, abreviación de “a está situada (o comprendida) entre b y c”. Análogamente, “Vabcd” abrevia a “La persona a vende la mercancía b a la persona c al precio d”.

Lo dicho aclara algo pero no todo. En efecto, hay predicados binarios disfrazados de unarios.

Por ejemplo, a primera vista “casado”, “empleado” y “opositor” son unarios. Pero, puesto que todo casado está casado con alguien, cuando se dice que Fulano es casado se sobreentiende que hay por lo menos una persona con la que ha contraído matrimonio, de modo que, de hecho, “casado” es un predicado binario. Análogamente, el estar empleado presupone un empleador, y el ser opositor presupone un grupo dominante.

A primera vista, todo esto no es sino mera cuestión de palabras, y por lo tanto convencional y superficial. Pero no lo es, porque la mera existencia de predicados binarios, terciarios, cuaternarios, etcétera, basta para refutar el individualismo. Esta es la doctrina que afirma que, en última instancia, todo se reduce a individuos, por lo cual todos los predicados se reducen a predicados unarios, los que denotan propiedades intrínsecas de tales individuos.

De hecho, ocurre más bien al revés: todo cuanto existe es un sistema constituido por partes unidas entre sí. Por ejemplo, nuestro planeta es un sistema que, a su vez, es un componente del sistema solar; y ningún ser humano está aislado de los demás ni de su medio ambiente.

Un mundo relacional

En general, el concepto de individuo resulta de hacer abstracción de las interacciones de una cosa con el resto del universo.

Por este motivo, porque todo individuo está relacionado con otras cosas, casi todas las propiedades son relacionales antes que intrínsecas. Por ejemplo, la longitud, la masa y la temperatura de una barra de un material cualquiera dependen del sistema de referencia: son menores en el sistema ligado a la barra que respecto de un referencial en movimiento respecto de la misma. Análogamente, una persona es valorada de una manera en su trabajo y de otra en su hogar. Todo, con excepción del universo entero, es relativo a alguna otra cosa.

Pero me he descarriado. Volvamos al comienzo. Repito que, si las palabras fuesen construidas por lógicos, no diríamos “él es malvado”, sino “él malea”. Otro tanto haríamos con el verbo “estar”. De hecho, lo hacemos a menudo. Por ejemplo, en lugar de decir “se está moviendo” podemos decir “se mueve”, o “cambia de lugar”. Pero no sería práctico cambiar la lengua, resultado de una evolución milenaria, con el sólo propósito de ajustarla a la lógica.

En resolución, podemos prescindir del verbo “ser”. En cambio, no podemos prescindir del sustantivo “ser”, tal como ocurre en la expresión “ser vivo”. Sin embargo, de hecho a menudo lo sustituimos por alguno de sus sinónimos, tales como “ente”, “objeto”, “cosa”, o “existente”.

En suma, el verbo “ser” ya no es lo que era.

Por Mario Bunge

Una respuesta to “El verbo “ser” ya no tiene razón de ser”

  1. juan felipe muñoz arcos. Says:

    Me parece una muy buena propuesta esta pagina.

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