Heidegger y la política

Martin Heidegger (1889-1976) y Ludwig Wittgenstein (1889-1951) fueron los filósofos más famosos del siglo pasado. Pero, aunque ambos estaban fascinados por las palabras, y aunque ninguno de ellos se interesó seriamente por la ciencia ni por la moral, tuvieron poco en común. En particular, Wittgenstein amaba la claridad al punto de no ocuparse sino de asuntos triviales. En cambio, Heidegger se expresaba en la forma más hermética posible y se empecinaba en tratar problemas complejos, tales como los del ser, la existencia humana, el tiempo, la muerte, y la historia, aunque sin perder el tiempo en aprender lo necesario para tratarlos correctamente.

Además, mientras Wittgenstein no se interesó por la política y desdeñó el poder y la figuración, Heidegger se lanzó a la política y se sirvió de ella para alcanzar el rectorado de su Universidad, y purgarla de antinazis y judíos. Incluso presidió un acto de fe en el que sus camaradas de partido quemaron miles de libros tachados de sediciosos por uno de los gobiernos más criminales de la historia.

Todo eso es sabido. Lo que no es bien sabido es que el desinterés de Wittgenstein es consecuencia de su filosofía glosocéntrica, o sea, centrada en la palabra. Esta se desentiende de la problemática tradicional de la filosofía: metafísica, gnoseología y ética. Lo que aún se discute es si la política de Heidegger, en particular su abyecta apología del nazismo durante dos décadas, está o no relacionada con su filosofía.

Este tema ha sido motivo de encendidas polémicas en el curso de las dos últimas décadas. Algunos admiradores de Heidegger, en particular Hans Gadamer, Hannah Arendt y Jacques Derrida, han negado tal vínculo. Otros filósofos, tales como Karl Löwith, Otto Pöggeler, Ernst Tugendhad, Richard Wolin y Paul Edwards, lo han puesto en evidencia.

El problema no es fácil, porque la prosa de Heidegger es tan hermética que rara vez se entiende lo que escribe, a menos que sea trivial. Tan es así, que se puede afirmar que “eso” no es filosofía sino palabrería, y por lo tanto pseudofilosofía. Baste recordar su “definición” del tiempo como “maduración de la temporalidad”; de la verdad como “esencia de la libertad”; y de la nada como aquello que anonada (o nadifica).

Con todo, Heidegger se ha expresado con suficiente claridad en varios respectos. Examinemos brevemente algunos de ellos.

1) Irracionalismo.

2) Dogmatismo.

3) Culto de la “sangre (raza) y del suelo (patria)”.

4) Anti modernismo.

5) Desdén por la ciencia.

6) Tecnofobia.

7) Rechazo de la democracia.

8) Nacionalismo agresivo.

Un breve examen

El irracionalismo conlleva el rechazo del debate racional, en particular el debate de asuntos de interés público. El irracionalista pretende que se le crea y obedezca sin discusión. En el terreno político, el irracionalista adoptará lo que los nazis llamaban “el principio del Führer”, o sea, el dogma de que el líder siempre tiene razón. Una de las consignas de Mussolini era “creer, obedecer, combatir”.

El dogmatismo es inherente al intuicionismo. El intuicionista cree poder conocerlo todo de inmediato y sin trabajo. Por ejemplo, Edmund Husserl, el creador de la fenomenología y maestro de Heidegger, afirmaba poseer la “visión de las esencias”.

El mito de la sangre y el suelo fue el núcleo del nacionalismo racista alemán, nacido a principios del siglo 19 y que culminó con Hitler. Este mito es coherente con el irracionalismo. En cambio, es incompatible con el universalismo proclamado por la Ilustración, la Revolución Francesa de 1789, el liberalismo clásico y el socialismo.

El antimodernismo involucra el rechazo del progreso y la nostalgia por un pasado romantizado, tal como el de los antiguos germanos o celtas inventados por algunos poetas románticos de principios del siglo 19. En particular, el anti-modernismo rechaza la racionalidad y la democracia.

Los antimodernistas desprecian, temen u odian la ciencia. Husserl y Heidegger no desperdiciaron ocasión de oponerse a la ciencia y de proclamar la inferioridad de la ciencia a sus propias doctrinas. Pero, desde luego, una cosa es proclamar y otra probar. Solamente gente muy ingenua e ignorante puede creer tales proclamas sin fundamento.

La tecnofobia, o sea, el odio a la técnica, es otra característica del anti-modernismo. Pero, paradójicamente, los nazis y sus intelectuales, en particular Heidegger, admiraron y promovieron la tanatología, o sea, la técnica de matar en gran escala, tanto en el campo de batalla como en el campo de concentración. Los fascistas italianos y sus intelectuales y artistas fueron más consecuentes: admiraron la técnica moderna al mismo tiempo que rechazaron la racionalidad y la democracia.

Rechazo de la democracia fue una postura reaccionaria de gran parte de la intelectualidad alemana entre ambas guerras mundiales y ha sido abundantemente documentada. Unos por convicción, y otros por miedo, casi todos hicieron pública su adhesión al régimen nazi, contribuyendo así a legitimarlo. Heidegger, al igual que la mayoría de los profesores de humanidades de su tiempo, fue un enemigo jurado de la democracia en todas sus versiones.

El nacionalismo agresivo fue adoptado por esos mismos intelectuales, que azuzaba la guerra y la represión del “enemigo” interior. Los historiadores explican el nacionalismo alemán de entre guerras como parte de la reacción al infame tratado de Versalles, que impusieron Francia, Gran Bretaña y los EE.UU. a la Alemania derrotada y en ruinas. Esto es cierto, pero la venganza es propia de gentes primitivas, irracionales y violentas. Los seres racionales trabajan, piensan y discuten en lugar de agredir.

La prédica de Heidegger llegó al Río de la Plata, donde sus seguidores fueron admiradores del nazismo y lacayos de las dictaduras locales de la época. Estoy enterado de este episodio porque fundé y dirigí la revista Minerva (1944-45), cuya misión central fue, precisamente, defender la razón de los ataques del irracionalismo, entonces recientemente importado de Alemania.

Heidegger aún goza de predicamento en su patria. Hace pocos meses, la Universidad de Friburgo publicó un anuncio en el que se vanagloriaba de haberlo contado a Heidegger como profesor. Pero al menos no recordó el hecho de que, en 1933, Hitler nombró personalmente a Heidegger rector de esa gran universidad, en la que hace cuatro décadas pasé un año inolvidable.

En resolución, la actuación política de Heidegger cuadra con su filosofía (o pseudofilosofía). Sus ideas confusas y retrógradas ayudaron a confundir y a obrar mal a muchas personas en muchos países. Por este motivo, yo lo taché de kulturverbrecher (delincuente cultural) en una conferencia que pronuncié en Bonn en 1969.

Por Mario Bunge

9 comentarios to “Heidegger y la política”

  1. Juan Says:

    Realmente su comentario es lo que se dice en mi país una burrada. El desconocimiento y la falta de lectura sobre Heidegger convierten el articulo en impresentable. Sepa Ud., ante de enjuiciarme, que no soy “heideggeriano” y que disiente con el nodo de articulación de su pensamiento… pero de ahí a leer tal incomprensión de un pensador expresión de una soberbia sin medida. Si este Sr. que escribe es Mario Bunge, el famoso epistemologo, es una pena que asevere jucios tan enclenques. Mito de la sangre, tecnofobia, antimodernismo, por tomar sólo tres, no son expresiones aplicables a este pensador que se paso media vida leyendo a los modernos. Son la alegre gratuidad del desconocimiento, tal gratuidad solo patentiza un carácter autoritario y fascistoide.

  2. gustavo Says:

    Saludos.
    Indepediente de quien sea el autor de este articulo, yo simplemente quiero hacer explícito mi rechazo a este artículo, el cual carece del más simple y llano rigor filósofico. Aquí se da información falsa y del todo erronea, por ejemplo la siguiente cita del propio texto:
    “La tecnofobia, o sea, el odio a la técnica, es otra característica del anti-modernismo. Pero, paradójicamente, los nazis y sus intelectuales, en particular Heidegger, admiraron y promovieron la tanatología, o sea, la técnica de matar en gran escala, tanto en el campo de batalla como en el campo de concentración.”
    Yo sólo pido que se explique claramente de dónde interpreta o cuáles son las fuentes para afirma que Heidegger admiró y promovió la “tanatología”.
    Me parece que quien escribió esto posee un absoluto desconocimiento de lo que Heidegger ha escrito. Lo invito a leer yl volumen 79 de la GA, la conferencia titulada “Das Ge-Stell”, donde Heidegger hace explícito su rechazo a la fabricación de cadáveres en cámaras de gas. Heidegger es directo, se trata del Holocausto, no así de “tanatología”.
    Quien escribió este artículo no sabe siquiera que es la “tanatología” a diferencia del exterminio de vidas.

  3. Rodrigo Says:

    Bunge siempre se jacta de no manejar los conceptos como el nihilismo. Ama tambien su cientificismo, para él Heidegger es bruma cuando en realidad lo serio sería ver la bruma en el cientificismo, es decir en esa supuesta racional del discurso científico. Pero bueno esto parte de la propia egomanía que Bunge sabe tanto explayar.

    Es cierto que Heidegger maneja conceptos propio de un irracionalismo. Tal vez tampoco sería democrático como no lo fueron Platón ni Aristóteles, vale la pena recordarlo. Con lo que uno de los argumentos de hacer ver a Heidegger como un pseudo filosofo no es más que un intento propagandístico.

    Su pseudo-liberalismo (es decir el liberalismo a lo Bunge), que trata de no mostrar los desastres recientes del liberalismo. Incluidos, las administraciones yanquis.Un ejemplo de ello es hiroshima, Hiroshima; hecha por entes racionales. Mentes muy científicas.

    Es fácil dictar un juicio negativo sobre Heidegger cuando en realidad, fueron laboratorios como Bayer los que más beneficios reciben de este régimen nacional socialista. Nuevamente tomar a una de las grandes mentes del siglo XX y del siglo XXI como faro es mucho más útil que la crítica aniñada de un intelectual histérico.

    Traten de rever lo genial del hombre que escribió: Ser y Tiempo y dejen de buscarle el pelo al huevo. No traten de confundir a la gente con cosas anacrónicas porque eso no es filosofía sino comodidad.

    Lo que le falta a Bunge es leer a Heidegger, en vez de darse de doctor en todas las formas pensadas y pensables. Esta justamente su pedantería liberal burguesa que ha caído en desuso. Estos tiempos post-modernos son los que abren las puertas a Heidegger y la cierran a los reaccionarios como Heidegger.

    La burguesía es la que impulsa el fascismo y no el irracionalismo. Por eso tengo dudas serias que este intento de crítica (porque no es una crítica seria pueda tener un efecto duradero en alguien que haya leído Heidegger antes de toparse con tamaño monumento la inutilidad.

    Heidegger no es tecnofobico. Esta es una idiotez marca Bunge, lo que es Heidegger es un pensador que cree en la reflexión y en el ser. Por eso dice que la alienación del hombre está en la técnica. El discurso vacío del cientificismo cosa que Bunge ama, es decir, “si es cientifico es real”. Es muestra de toda esa manera poco inteligente de criticar a Heidegger.

    http://www.heideggeriana.com.ar/-> les dejo este sitio creado por Horacio Potel para que se puedan nutrir de lo genial de Heidegger.

    Lamento que esta firma la haya hecho un amateur y no un lector sistemático de Heidegger.

    sean felices.

  4. Rodrigo Says:

    http://www.heideggeriana.com.ar/ el link es este. Perdón por pegarlo mal.

  5. Jorge Zamudio Says:

    Les encanta leer basura intelectual, Heidegger era un charlatán, y ustedes son prófugos de la actualidad científica

  6. Johan Lindner Says:

    No estoy de acuerdo con Bunge, aunque sí considero a Heidegger como un charlatán que habla mucho y dice poco. Su estilo hermético sólo busca aparentar que sabe. Voy a usar a Nietzsche, filósofo del cual tanto se sirvió, para que éste hable en su contra: “Quien se sabe profundo, se esfuerza en ser claro, quien quiere parecer profundo a los ojos de la multitud, se esfuerza en ser oscuro. Pues la multitud tiene por profundo todo aquello cuyo fondo no logra ver.” Hay cientos de introducciones a Heidegger y todas muestran qué simple y fáciles de entender que son sus temas.
    Por otra parte, Heidegger demuestra conocer muy poco de la lengua y la cultura griega. Esto queda clarísimo en su libro “Parménides”, en el cual confunde sintaxis y gramática (ej.: toma sustantivos por participios o adjetivos por sustantivos, mezcla casos, etc.) o confunde e inventa divinidades, como cuando dice que el la diosa “Verdad” (inexistente en los mitos griegos anteriores al siglo V) quien recibe a Parménides, cuando en realidad es la diosa Nix (Noche). Yo aquí les dejó una traducción correcta del poema de Parménides para que nadie se vuelva a ver engañado por el desconocimiento (quizás intencional) del alemán:

    http://arielpalomo.blogspot.com.ar/2015/10/sobre-la-naturaleza-de-parmenides.html

  7. serginho89 Says:

    Una vez más, Bunge realiza una crítica ligera, desinformada y, por lo que el patrón de sus críticas sugiere, deliberadamente deshonesta, en contra de Heidegger. Es una pena que muchos adopten estas pseudo críticas de manera dogmática, impidiéndose la oportunidad de un justo y honesto análisis de las ideas de Heidegger.

    Bunge considera a Heidegger un charlatán, alguien que se dedicó al engaño sistemático a través de su densa prosa. Calificar a alguien de charlatán es delicado, pues un charlatán es una persona que conscientemente engaña, que realmente no dice nada inteligible que pueda ser analizado, comprendido, criticado, refutado, etc. Por lo tanto, estrictamente solo bastará demostrar que Heidegger sí que dijo algo.

    Bunge se jacta de haber leído “Ser y Tiempo” e “Introducción a la Metafísica”, y sin embargo sus críticas se limitan a lo siguiente:

    1) Heidegger escribió de la forma más oscura posible.
    2) Heidegger escribió frases como “el mundo mundea”, “el ser es ello mismo”.

    Por desgracia, y para alguien con las competencias de Bunge, claramente de ninguna de las dos críticas se sigue que Heidegger sea un charlatán. Considerando que las críticas de Bunge siempre se limita a las dos formas anteriores, no queda otra alternativa que reconocer, o la ignorancia profunda de Bunge, o su deliberada deshonestidad intelectual.

    Ahora, vamos a ver brevemente cuál es el fundamento del pensamiento de Heidegger. A partir de aquí va a ser trivial refutar que Heidegger sea un charlatán, pues quedará claro que Heidegger dijo algo, y eso es inteligible y válido. Por lo tanto también trataré de mostrar que lo que él dice además es interesante. De todas formas, en el peor de los casos, se puede acusar a Heidegger de estar groseramente equivocado, mas no de ser un charlatán.

    Heidegger pretende abordar la pregunta por el ser. Los filósofos se comprometen con una ontología; argumentan a favor o en contra de la existencia de determinados entes. Por ejemplo, la ontología de Bunge hace esto, nos dice qué cosas realmente existen (que por supuesto implica decir qué cosas no existen realmente). Entonces, ya que hablamos con tanta propiedad de lo que existe y lo que no, cabe preguntarse: ¿Qué entendemos por ‘existir’? ¿Cuáles son las condiciones suficientes y necesarias para que algo exista? ¿Cómo podemos saber qué cosas existen y qué cosas no existen, sin antes hacer un análisis conceptual de ‘existir’? Claro, si tratamos al ‘ser’ o la ‘existencia’ con tanta propiedad, seguramente podremos dar cuenta de lo que ello significa. Este análisis (por supuesto discutible) parece sugerir que la pregunta por el ser es legítima, y este será el punto de partida de Heidegger. Entre otras cosas la gran mayoría de grandes pensadores trataron de una u otra forma con el ser.

    Ahora, consideremos a cualquier ente de la cotidianidad: consideremos, por ejemplo, un lápiz. Heidegger se pregunta si aquello que el lápiz es en tanto lápiz se puede reducir a lo que él llama su dimensión óntica: las propiedades físicas del lápiz, el estar hecho de tal o cual material, el tener determinadas dimensiones o medidas, etc. Por más detallada que sea la descripción física del lápiz, de allí no podré comprender lo que el lápiz es en tanto utencilio para escribir (lo que finalmente significa ser un lápiz).
    Heidegger argumenta que nuestra realidad se compone de entes que tienen, además de la dimensión óntica (el lápiz en tanto ente físico compuesto de partículas subatómicas, etc), esta dimensión ‘ontológica’ (lo que entendemos por lápiz más allá de sus características físicas). Esta distinción, para Heidegger, representa dos formas fundamentales de ‘ser’. Aquí queda claro que las ciencias dan cuenta de la dimensión óntica, y solo de ella. Podemos aceptar sin problemas que vivimos en un mundo que, al igual que el lápiz, tiene un significado o una dimensión ontológica (en términos de Heidegger (los términos realmente no son lo importante)). Los objetos tienen ya un significado, que viene dado de su contexto y su historia, no de su ser óntico (sus propiedades físicas, químicas, biológicas, etc). Heidegger pretende dar cuenta de esa ‘dimensión’, de esa forma de ser de los entes. El ser humano en su cotidianidad no conoce a los entes en su dimensión óntica; ello es transparente en favor de un mundo lleno de significado; la tal “dimensión ontológica”. Cuando juego a la Xbox, chateo en mi celular o realizo un documento en mi computadora, no estoy entendiendo a todos estos entes en su dimensión óntica; limitarme a ellos me impediría utilizarlos. No hay dudas de que aquí hay otra clase de entendimiento, que es precisamente la “dimensión ontológica” que he expuesto.

    Ahora, después se podrá argumentar que su proyecto fracasó, que su distinción es problemática, o lo que sea. Lo que queda claro aquí es que Heidegger hizo un pensamiento serio, y lo más que se puede decir de él es que todo lo que dice es falso, o que fracasó, pero no se puede decir que fue un charlatán.

    PS: Bunge a menudo intimida con su jerga científica y matemática. Sin embargo, cuando los espacios de Sobolev, los grupos finitos, las sigma-álgebras, las extensiones de campo, etc, son tu pan de cada día, tomas las aseveraciones de Bunge con normalidad, sin que ello de por sí sean argumentos. Digo esto antes de que me acusen de ignorancia científica o matemática, algo a lo que Bunge acude mucho.

    • zet1 Says:

      Al que se puede acusar de engaño deliberado es a Bunge. Es consistente que las criticas que se le ha hecho desde distintas posturas convergen en que Bunge no domina los temas que dice criticar. Rehuye a la crítica y se escuda en que es víctima de los “charlatanes oscurantistas”. Por varios años lo reté a que argumentara públicamente, ni siquiera contesto. Sus defensores me dijeron que no conocía las obras de Bunge pese a que son el pan de cada día.
      Y como bien comentas, intimida con matemáticas pero luego descubres que Bunge dice un montón de bobadas sin sentido. Su libro reciente de filosofía para médicos es un buen ejemplo de lo que es hacer falsa historia y falsa sociología. No sólo se salta todas las investigaciones históricas y etnologógicas, sino que recurre a sus opiniones o a las de una sola corriente social que usa como verdades.
      Bunge no ha hecho un sólo aporte cientifico, es un vil fraude que se dedica a la calumnia. Aquí he esperado a que sus defensores pasen sus aportes ¡y nada! No aparecen por mucho que busco y re busco en sus obras. Bunge quiso ser el Popper 2.0, pero le falló. Es como dice Meandro Andrini, un charlatán más en el reino de los charlatanes, sobrevalorado, prepotente y faltón saca dinero.

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