Por una facultad de pseudociencias

Las pseudociencias, tales como la astrología y la homeopatía, siempre han sido populares, a menudo más que las ciencias. Ahora, que está de moda exigir que las universidades satisfagan la demanda del mercado, habría que enseñarlas abierta y sistemáticamente, en lugar de hacerlo solapadamente en facultades de humanidades. El consumidor tendría que poder elegir libremente entre la Facultad de Ciencias y la Facultad de Pseudociencias. Y el diploma debiera autorizar a ejercer.

Esta idea no es nueva: hace casi un siglo Freud, el fundador de la pseudociencia más exitosa del siglo pasado, propuso un plan detallado de una Facultad de Psicoanálisis en la Universidad de Viena. Su plan de estudio incluía numerosos cursos de psicoanálisis, mitología y literatura. Nada de psicología experimental ni de neurociencias, desde luego, porque los que trabajan estos campos tienen la manía nefasta de exigir pruebas.

El defecto del plan de Freud es que era unilateral: sólo incluía el psicoanálisis. El mío es amplio y abierto: incluye todas las principales pseudociencias conocidas, así como las por inventar. En efecto, mi plan de estudios de la Licenciatura en Pseudociencias es el que sigue.

Primer año: Introducción a las pseudociencias, Historia de las pseudociencias, Astrología, Alquimia, Piramidología, Demonología. Trabajos prácticos: transmutación de plomo en oro; construcción de horóscopos; búsqueda de napas de agua mediante la horqueta; levitación; reconstrucción de una pirámide egipcia; entrar en contacto espiritual con un demonio

Segundo año: Homeopatía, Naturopatía, Psicoanálisis freudiano, Numerología, Trabajos prácticos: manufactura de remedios homeopáticos para curar el cáncer, la diabetes o el mal de amores; identificar el complejo relacionado con el bisabuelo materno; hallar el significado simbólico del número de Avogadro.

Tercer año: Psicoanálisis jungiano, Parapsicología, Memética, Psicología evolutiva, Piramidología, Seminario I. Trabajos prácticos: encontrar las sincronías entre tsunamis y terremotos políticos; tocar la flauta a distancia; explicar la última de las 10.000 religiones registradas en los EE.UU. como una adaptación al medio ambiente del Paleolítico; hallar el significado simbólico de los sueños de un terrorista notorio.

Cuarto año: Diseño inteligente (ex-creacionismo científico), Astronomía de universos paralelos, Medicina holística, Genética egoísta, Derecho del ejercicio ilegal de la medicina, Filosofía de la pseudociencia, Seminario II. Trabajos prácticos: averiguar los designios del Altísimo cuando creó la pulga, el mosquito, o la cucaracha; averiguar algunos rasgos de un universo en el que fallen las leyes de la termodinámica; diagnóstico y tratamiento holístico del callo plantal; buscar el gen de la afición al fútbol, al póquer o a la pseudociencia; inventar trucos para evitar pleitos iniciados por clientes desagradecidos; elaborar una filosofía de la ovnilogía, la reflexología, o el psicoanálisis.

Los seminarios I y II se dedicarían a estudiar teorías o prácticas situadas entre la ciencia y la pseudociencia, tales como las teorías de cuerdas, del comienzo del universo a partir del vacío, y de la elección racional.

Sin dificultades

Preveo que el empresario académico que se propusiera crear una Facultad de Pseudociencias no tendría la menor dificultad en reclutar profesorado ni alumnado, por cuanto en este campo no caben pruebas de idoneidad. Tampoco tendrá dificultad alguna en formar una biblioteca especializada en pseudociencias, como puede comprobarse visitando cualquier librería. Pero seguramente el empresario tendría que hacer frente a la competencia de las Facultades de Ciencias, Medicina e Ingeniería. En este caso podrá recurrir a los argumentos siguientes, que ofrezco sin cargo.

Primero: la libertad académica incluye la libertad de enseñar cualquier cosa.

Segundo: dado que la ciencia no es infalible, es posible que la pseudociencia de hoy sea la ciencia de mañana.

Tercero: en la época posmoderna todo es relativo, no hay verdades objetivas, ni es necesario poner a prueba lo que se conjetura.

Cuarto: el tiempo es oro, y se lo ahorra aprendiendo una pseudociencia en lugar de una ciencia.

Quinto: el instrumental que requiere la investigación experimental se está haciendo tan costoso, que incluso a los países más poderosos les convendría cultivar disciplinas que no requieren experimento alguno.

Sexto: la universidad posmoderna es una empresa, y como tal tiene el derecho y el deber de suministrar los productos que demande el consumidor.

Séptimo: en ciertos países ya funcionan facultades de humanidades en las que no se enseña sino doctrinas posmodernas, y facultades de psicología en las que se enseña exclusivamente psicoanálisis. La facultad que se propone no hace sino generalizar y proclamar abiertamente lo que otras hacen en forma estrecha y solapada.

Estos argumentos me parecen impecables. Sólo me asaltan dos dudas. Primera: ¿se legitimizan la estafa y el autoengaño practicarlos en la universidad? Segunda: ¿es necesario que la universidad deje de ser el principal taller de búsqueda de verdades objetivas?

Por Mario Bunge

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