Max Weber y los estudios sociales

Este año, los sociólogos conmemoran la publicación del famoso artículo de Max Weber (1864-1920) sobre objetividad en estudios sociales y políticos. La fecha es oportuna porque la objetividad está de capa caída pese a que sin ella no hay ciencia, técnica ni gobierno competente. Está de capa caída debido al auge del posmodernismo, el que niega la posibilidad de alcanzar la verdad y valora más la emoción que la razón y el yo que el mundo.Y el posmodernismo campea en las facultades de humanidades, donde suele citarse con mayor frecuencia a Nietzsche, Dilthey, Husserl, Heidegger, Foucault, Derrida y Geertz que a Tocqueville, Durkheim, Weber, Coleman o Merton.

Weber quería proteger a la investigación de los hechos sociales de la contaminación ideológica, en particular la marxista. Esta finalidad es loable porque el objetivo de las ciencias sociales, tales como la demografía, la sociología, la economía política, la politología y la historia es estudiar la sociedad antes que modificarla. Las disciplinas que se ocupan de controlar o rediseñar la sociedad son técnicas sociales tales como la macroeconomía normativa, el management, el derecho y la criminología. Pero ninguna de estas técnicas puede ser eficaz si no se funda sobre estudios objetivos de la realidad correspondiente.

Weber y la objetividad

Sin embargo, Weber no logró defender con eficacia el ideal de la objetividad, y ello por las razones siguientes: En primer lugar, confundió la objetividad o respeto por los hechos, con la neutralidad en cuestiones de valores y con la imparcialidad. La primera es una categoría metodológica: “Buscarás la verdad”. Esta consigna es correcta y viable. En cambio, la neutralidad axiológica, o sea, el abstenerse de hacer juicios de valor, no es deseable. Más aún, el científico social puede argüir que la guerra, la explotación y la opresión no son sólo inmorales sino también nocivas a la sociedad, porque aumentan las divisiones y los conflictos. En cuanto a la parcialidad, al contrario de lo que pensaba Weber, no está reñida con la objetividad. Por ejemplo, la lucha eficaz por la justicia presupone un estudio previo, lo más objetivo posible, de las situaciones que se consideran injustas y de los remedios consiguientes.

El segundo motivo por el cual Weber no siempre alcanzó la objetividad que procuraba es que confirió mucha mayor importancia a los factores subjetivos que a los objetivos. Por ejemplo, al estudiar la situación de los obreros agrícolas en Prusia Oriental, descuidó sus salarios, condiciones de trabajo, alojamiento, salud, etc. Sostuvo que lo que más importa es saber cómo juzgaban ellos mismos su situación: si estaban o no satisfechos con su existencia. Pero esto es ocultar la mitad de la realidad y con ello renunciar a la objetividad total. Más aún, es bien sabido que las autoapreciaciones no suelen ser objetivas. Por ejemplo, el devoto hindú no se queja de sus privaciones porque está acostumbrado y resignado a ellas, al compararse con otros parias. El caso de los obreros agrícolas que estudió Weber es parecido: eran casi todos inmigrantes polacos, felices de escapar a la miseria aún mayor en la que los tenían sumidos los terratenientes en su país de origen (como lo señaló Merton, cada cual aprecia su propia situación comparándola con su “grupo de referencia”).

¿Por qué se limitó Weber a averiguar cómo juzgaban su situación los obreros agrícolas sin preguntarse si eran objeto de explotación? Supongo que tuvo dos motivos, el uno filosófico y el otro ideológico. El primero es que Weber era miembro de la escuela “interpretativista” o hermenéutica, según la cual el estudioso de lo social debe partir de las intenciones de los sujetos, ya que ellas le impulsan a actuar. Este precepto lleva a ignorar todo lo supraindividual: terremoto, sequía, peste, explosión demográfica, desocupación, inflación, etcétera.

El motivo ideológico fue que Weber, al igual que casi todos sus colegas universitarios, estaba asustado por el avance de los sindicatos y del partido socialista, el que se había proclamado marxista. Este parece ser uno de los motivos por el cual, en el artículo de marras, Weber arremete contra el marxismo. Pero le hace poca mella a este porque no critica sus fallas básicas, a saber, su confusa metafísica dialéctica, su crudo economismo y su prédica violenta.

 

Una curiosa “conversión”

Lo más curioso es que Weber pareció convertirse al materialismo histórico a medida que lo fue combatiendo. No me refiero a la lucha de clases sino a la fuente de todo lo social, que para el materialismo histórico no es el individuo sino la sociedad. O sea, mientras para el joven Weber la vida social se origina exclusivamente en la acción individual, para el Weber maduro la sociedad condiciona la conducta individual. Veamos algunos ejemplos.

Weber sostuvo que la esclavitud era “la infraestructura necesaria de la cultura antigua”. Que es lo que habían afirmado los materialistas históricos contra los idealistas históricos, para quienes lo espiritual siempre precede y domina a lo material. Otro ejemplo: Weber explicó la decadencia de la esclavitud en la Roma antigua como resultado de la “pacificación” de las fronteras: al terminar la expansión del imperio se secó la fuente principal del mercado de esclavos, que eran los prisioneros de guerra. Y al escasear los esclavos, los terratenientes no tuvieron más remedio que arrendar sus tierras a labradores libres.

Tercer ejemplo: Weber describe la industria moderna como una máquina que, una vez puesta en marcha, procede en forma automática, con independencia de las decisiones que puedan tomar los obreros encadenados a ella. Además, según Weber, la planificación es característica de las economías “racionales”. Y el plan sujeta al individuo. ¿Dónde ha quedado el individuo racional, presunta fuente de todo lo social?

Quinto ejemplo: Weber concordaba con los demás sociólogos en que el proceso de socialización va de arriba para abajo y no al revés. El motivo es obvio: al nacer, estamos a merced del medio que heredamos y carecemos de una mente complicada que es preciso “interpretar”.

Pero el ejemplo más lamentable de la presión del ambiente sobre el individuo lo dio el propio Weber al defender al gobierno imperial alemán en medio de la horrorosa masacre de 1914 a 1918. En efecto, en 1916 declaró, contra el intento pacifista de un puñado de profesores berlineses, que la guerra “es necesaria para nuestra existencia”.

¡Qué difícil es mantener la independencia, la imparcialidad y la objetividad en medio de conflictos! Una vez más se muestra la sabiduría del sacerdote que recomendaba: “Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”.

Lo que antecede no desmerece a Max Weber, autor de estudios importantes y padre de la socio-econo-politología, síntesis necesaria y sin embargo aún embrionaria.

Tampoco pone en duda la importancia de la objetividad, sin la cual no hay ciencia ni técnica, los dos motores intelectuales de la sociedad moderna.

Por Mario Bunge

5 comentarios to “Max Weber y los estudios sociales”

  1. Carlos Says:

    weber

  2. paco Says:

    weber vende patria

  3. Antonio Pizarro Says:

    Acabo de leer este breve artículo e ignoro si lo escribió el propio Bunge cuyos libros están entre mis referencias obligadas. Me extraña un poco la acusación al marxismo por contaminar el conocimiento objetivo con la intencionalidad pragmática. Esa separación procede de la división positivista entre investigación de base y aplicada. La peculiaridad del marxismo era que reivindicaba que el conocimiento en general y el conocimiento social en particular debía estar enderezado a la solución de los problemas sociales. Es decir, que la teoría debía estar unida a la práctica en función del objetivo humanista de una sociedad sin injusticia. Obviamente, por supuesto que obviamente, el conocimiento de lo social para que tenga alguna virtualidad, para que se pueda hacer ingeniería social (el término es incorrecto) debe ser lo más objetivo posible. Y eso es precisamente lo que defiende este artículo. O sea que el disenso es gratuito. No es propiamente epistemológico, sino (creo advertir) emocional. En cualquier caso es una buena síntesis. ¡Ah, por cierto! Las posiciones políticas de Weber no son independientes de sus enunciados protocolarios. Antonio Pizarro.

  4. sofia Says:

    como podria responder esto. cual es la posicion de max weber son respecto a la relación entre objetividad y neutralidad?

    • Antonio Pizarro. Says:

      ¡Estimada Sofía! El artículo que encontré en GrupoBunge que no sé si escribió el propio maestro Bunge y que dio pie a mi comentario explica muy bien la inconsistencia lógica y argumentativa del postulado weberiano de neutralidad axiológica. En teoría, según el propio Weber, la objetividad va asociada a la neutralidad axiológica. Pero, de hecho, el postulado actúa como un desideratum. Nadie lo practica. Eso es lo que denuncia el posmodernismo y esa crítica hay que aceptarla. Y ya que mencionas el aniversario del artículo (ensayo) de Weber voy a releerlo y escribir un artículo para el semanario de la UCR. Si te interesa te lo envío. Antonio; anedumar@yahoo.es

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: