Discurso de Mario Bunge en su Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Salamanca

Cómo criar y como matar la gallina de los huevos de oro

Mario Bunge

Ante todo, agradezco al claustro de doctores salmantinos, así como al señor Rector y los señores Vicerrectores, el haber aceptado la propuesta de mi querido amigo, el Profesor Miguel Ángel Quintanilla, de honrarme con un doctorado honoris causa.

La Universidad de Salamanca ha sido una de las luminarias europeas durante ocho siglos. Suele olvidarse, injustamente, sus contribuciones a la cultura universal. Baste recordar que fue aquí donde Francisco de Vitoria echó las bases del derecho internacional, instrumento indispensable para la convivencia de los pueblos. Cada vez que se lo aplica, se rinde homenaje tácito a la Universidad salmantina, y cada vez que se lo viola se atenta contra la civilización moderna.

Me propongo defender dos tesis. La primera es que la investigación científica es la gallina de los huevos de oro. La segunda es que hay maneras de criarla, y otras tantas de matarla.

[1] La investigación básica es el motor de la cultura intelectual y la madre de la técnica

La investigación básica consiste en la búsqueda de la verdad independientemente de su posible uso práctico, el que acaso jamás llegue. Es la investigación que hacen los matemáticos, físicos, químicos, biólogos, científicos sociales y humanistas. Es sabido que la investigación básica alimenta a la técnica sin ser técnica, porque la técnica diseña medios para cambiar el mundo en lugar de estudiarlo.

El distintivo de la American Association for the Advancement of Science es un par de círculos concéntricos. El círculo central es dorado y simboliza la ciencia básica, mientras que el anillo que lo rodea es azul y simboliza la técnica. La idea es que la ciencia nutre a la técnica. Esta idea podría ampliarse, inscribiendo el círculo en un cuadrado que simbolice la cultura moderna.

En efecto, nuestra cultura, a diferencia de las demás, se caracteriza por su dependencia de la investigación básica. Si ésta se detuviera, ya por falta de vocaciones, ya por falta de fondos, ora por censura ideológica, ora por decreto, nuestra civilización se estancaría, y pronto decaería hasta convertirse en barbarie. Baste recordar lo que sucedió con la ciencia básica bajo el fascismo, y con la biología, la psicología y las ciencias sociales bajo el estalinismo.

Las mejoras, los avances menudos, la elaboración de ideas básicas, pueden planearse y encargarse. Los grandes inventos, como los grandes descubrimientos, no pueden planearse ni encargarse, porque son producto del ingenio estimulado por la curiosidad.

Es posible programar una máquina, pero es imposible programar un cerebro original. Lo que sí es posible es educar un cerebro receptivo e inquieto. Esto es lo que hace todo intelectual disciplinado: va esculpiendo su propio cerebro a medida que va aprendiendo y creando.

Puesto que la espontaneidad no es programable, hay que darle oportunidades antes que órdenes: hay que fomentar la curiosidad, y con ella la creatividad científica o artística sin esperar resultados inmediatos. La exigencia de resultados inmediatos garantiza la mediocridad y el desaliento, e incluso el fracaso.

Por ejemplo, ciertos gobiernos actuales pretenden hacer la guerra al terrorismo, sin entender que es imposible hacer la guerra a células secretas, y sin entender que los terroristas, como los cruzados, no lo son de nacimiento, sino que son productos de ciertas circunstancias y de una educación fanática.

El terrorismo, tanto el de abajo como el de arriba, no terminará si no se transforman esas circunstancias y si no se hace un esfuerzo por entender la psicología y la sociología del terrorista. Tanto en política como en medicina, más vale prevenir que curar. Y cuando se trata de curar hay que buscar y emplear remedios eficaces en lugar de grasa de culebra. Y eso requiere investigación seria antes que receta ideológica. A su vez, los resultados de la investigación se hacen esperar.

Siempre hay que esperar para cosechar frutos, sean comestibles, sean conceptuales. Por ejemplo, Apolonio describió las secciones cónicas unos 200 años a.C., pero nadie las usó con provecho hasta que Galileo empleó la parábola para describir la trayectoria de las balas, y Kepler la elipse para describir las trayectorias planetarias.

Las investigaciones desinteresadas de Ampère y Faraday no rindieron frutos prácticos sino cuando Henry inventó el motor eléctrico. Las ecuaciones de Maxwell y las mediciones de Hertz sólo sirvieron para entender el electromagnetismo, hasta que Marconi las usó para inventar la radio. Thomson, el descubridor del electrón, no pudo anticipar la industria electrónica. Rutherford, el padre de la física nuclear, nunca creyó que sus trabajos darían lugar a la ingeniería nuclear ni las plantas nucleares.

Otro ejemplo: los inventores de la física cuántica no soñaron que ella serviría para diseñar ordenadores y, con ellas, un nuevo sector de la industria. Crick y Watson no previeron la emergencia de poderosas firmas biotécnicas pocas décadas después de anunciar la estructura del ADN.

La unión de la ciencia con la técnica es tan íntima, que no se pueden mantener facultades de ingeniería al día sin el concurso de departamentos de matemática, física, química, biología y psicología. Por ejemplo,el bioingeniero que se ocupa de diseñar prótesis tiene que aprender bastante anatomía y fisiología humanas, y el experto en administración de empresas tiene que aprender bastante psicología, sociología y economía.

La historia de la ciencia y de la técnica sugieren algunas moralejas de interés para quienquiera que se interese en políticas culturales. He aquí tres de ellas.
Primera: Es deseable fomentar la ciencia básica, no sólo para enriquecer la cultura, sino también para nutrir la técnica, y con ella la economía y el gobierno.
Segunda: Puesto que el conocimiento humano es un sistema, en el que toda componente interactúa con otros constituyentes, es preciso fomentar todas las ramas de la cultural intelectual, así como promover la construcción de puentes entre ellas.
Tercera: La ciencia y la técnica no avanzan automáticamente, a despecho de las políticas culturales, sino que son muy sensibles a éstas. Por este motivo, hay que averiguar cuáles son sus estímulos y sus inhibidores. Empecemos por estos últimos.

 

[2] Los 7 enemigos de la investigación básica

Sugiero que los principales enemigos de la ciencia básica son los siguientes.

1. Mala enseñanza de la ciencia: autoritaria, datista, memorista, y tediosa.

2. Educadores y administradores miopes, que ignoran que no se puede descuidar ninguna rama importante del conocimiento, porque todas estas ramas interactúan entre sí, por lo cual las especialidades estrechas son efímeras.

3. Pragmatismo: creencia de que se puede conseguir huevos sin criar gallina. Los gobiernos norteamericanos más retrógrados recortaron los subsidios a la investigación en ciencias sociales, pero conservaron o aumentaron los subsidios a las ciencias naturales. Se estima que cerca de la mitad de los aumentos sensacionales de la productividad industrial norteamericana desde el fin de la segunda guerra mundial se deben a que los gastos en investigación básica ascienden al 3 % del producto interno bruto, o sea, varias veces lo que gasta España.

4. Neoliberalismo y el consiguiente debilitamiento de las organizaciones estatales, en particular las universidades nacionales. El ejemplo canadiense es elocuente: el gobierno conservador de la década del 80 decretó que los científicos tendrían que buscar fondos en el sector privado. Dado que no los encontraron, el resultado neto de esta política utilitarista es que los gastos por estudiante han disminuido en un 20%, en tanto que los gastos norteamericanos han aumentado en un 30% durante el mismo período. El gobierno liberal inició una rectificación de este curso desastroso, pero obró tarde e insuficientemente. Mientras tanto, centenares de investigadores emigraron, y miles de estudiantes desistieron de estudiar ciencias.

5. Oscurantismo tradicional: fundamentalismo religioso, ciencias ocultas, homeopatía, psicoanálisis, etc., y la censura ideológica concomitante. Por ejemplo, el gobierno actual de la India, comprometido con la religión hindú, ha promovido los estudios de astrología y de medicina védica. Otro ejemplo es la restricción a la investigación de las células totipotentes para complacer a unos teólogos retrógrados.

6. Oscurantismo posmoderno: “pensamiento débil”, retorismo, deconstruccionismo, existencialismo, y la filosofía femenina que considera la ciencia, y en general la racionalidad y la objetividad, como “falocéntricas”.

7. Constructivismo-relativismo en filosofía, sociología e historia de la ciencia, doctrina que niega la posibilidad de hallar verdades objetivas e imagina trampas políticas tras los teoremas más inocentes, con lo cual desanima la búsqueda de la verdad, lo que a su vez empobrece la cultura.

Dejemos ahora estas reflexiones y admoniciones pesimistas, y veamos qué puede hacerse para promover la búsqueda de la verdad por la verdad.

 

[3] Qué hacer para promover la investigación básica

Propongo que una manera de promover el avance del conocimiento básico es adoptar, elaborar y poner en práctica las medidas siguientes:

1. Enseñar más ciencia, y enseñarla mejor, en todos los niveles, así como montar museos y espectáculos científicos.

2. Aumentar los subsidios a la investigación básica, particularmente en los sectores más descuidados.

3. Ofrecer becas a estudiantes interesados en ramas descuidadas o emergentes de la ciencia básica, tales como matemática, física de líquidos, química teórica, neurociencia cognitiva, socio-economía, sociología política, economía del desarrollo, investigación operativa, sociolingüística, y filosofía exacta.

4. Reforzar la participación de investigadores en el diseño de políticas culturales y planes de enseñanza.

5. Aliviar a los investigadores de tareas administrativas.

6. Denunciar las imposturas intelectuales, tales como el “creacionismo científico”, las medicinas alternativas, y fomentar en cambio el pensamiento crítico, el debate racional y la divulgación científica.

7. Resistir el movimiento de privatización de las universidades. Las funciones específicas de la Universidad son producir y difundir conocimiento, no dinero; por consiguiente, la Universidad debe seguir siendo dirigida por académicos, no por empresarios ni por comisarios, así como las empresas deben seguir siendo dirigidas por empresarios, no por investigadores ni por comisarios.

Termino. De todos los sistemas que constituyen una sociedad, el cultural es el más vulnerable a los choques económicos y políticos. Por esto es el que hay que manejar con mayor cuidado y alimentar con mayor dedicación, sin esperar otros rendimientos inmediatos que su propio enriquecimiento

Dada la centralidad de la ciencia en la cultura y la economía modernas, es aconsejable adoptar la política del gobierno surcoreano. Cuando la economía surcoreana entró en crisis, hace pocos años, en lugar de recortar los subsidios a la investigación básica, el gobierno resolvió incrementarlos hasta alcanzar el 5% del PIB. El resultado está a la vista: la producción científica surcoreana sobrepasa hoy a la india, pese a que la ciencia india empezó un siglo antes que la coreana.

No es que el dinero genere ciencia, sino que sin él, la ciencia languidece. Quien quiera comer huevos, que alimente a su gallina. Y quien quiera preservar una buena tradición deberá enriquecerla, porque la permanencia sólo se consigue a fuerza de cambios.

Mario Bunge
Salamanca, 15 de Mayo de 2003

8 comentarios to “Discurso de Mario Bunge en su Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Salamanca”

  1. Nelson Piedra Says:

    Me parece magnifico como se abordan los temas por parte del Profesor Bunge, soy de formación técnica pero intento escapar del pragmatismo y de las soluciones inmediatas, propias de una sociedad que esta animada bajo un modelo consumista. Estamos en tiempos de soluciones inmediatas, de constantes apuros y retos que deben ser solucionados “para ayer”, una sociedad de consumismo que intenta salir adelante no siempre con las soluciones mejores sino que recurre en el apuro a “medidas homeópaticas” que finalmente redundan en costes y hasta en estupidez.

    El sentido común dicta que la creatividad, el chispazo de genialidad, la solución no vista hasta el momento, no se puede predeterminar; en una palabra la capacidad creativa e inmaginativa no son asunto de una bota o un plan; pero además tampoco bajo este muy buen argumento, se puede permitir gastar millonadas de dinero sin producir nada, y esto no es contrario a reconocer que en la ciencia, al igual que en muchas cosas, el que siembra no siempre es el que cosecha, y el profesor bunge ha puesto varios ejemplos de ello; mi comentario solo se refiere a asegurarnos de una buen obrero que siembra y que no “amaga”. Varios cientificos necesitan dejar de actuar como si sus presupuestos fuesen gastos reservados de los que no se deben dar razones y aprender de la técnica en cuanto a productividad en el trabajo (medida por ejemplo por buenas publicaciones), eficiencia (en el uso de recursos y trabajo en equipo) y su alguna eficacia.

    En mi país y me temo que en los países llamados en vías de desarrollo, gran cantidad de jóvenes que aspiran a ingresar a las aulas universitarias lo hacen con el objetivo primario de satisfacer necesidades económicas, y esta dinámica hacia lo urgente genera una repulsión respecto a la ciencia básica que tiene fama de ser ingrata en “platas”. ¿Será que la ciencia necesita un “marketing”?, ¿hay una nueva forma de abordarla? ¿Cómo promocionar la ciencia básica en los universitarios?

    Quien ama a la ciencia se puede decir investigador, cuyo ejercicio diario esta por encima de los resultados; para eliminar la etiqueta de que la ciencia es económicamente ingrata, quien dedique su vida, su amor, debe ser premiado con el presupuesto para desarrollar su trabajo y los ingresos personales que hagan llevadera su vida; no se puede investigar en serio si se está pensando en las necesidades fundamentales de quienes dependen del investigador; no pocos han pensado en el investigador como un monje sin familia, capaz de superar.

    Hay mucho que hacer, me permito plantear que las universidades debemos apoyar a los estudiantes que opten por el camino de la ciencia desde que ingresan a las aulas, desarrollan sus proyectos de grado y puedan acceder a la formación doctoral. Se deben apalancar los costos de la formación en ciencia básica a través de las carreras técnicas que son las más populares y rentables. No se puden mirar a la universidad desde una óptica de producción de ingresos, esto es matar a la gallina de los huevos de Oro.

    Señores “empresarios” que dirigen universidades cuiden su negocio impulsando la ciencia con el dinero que reciben de las carreras rentables. Universidades adopten un modelo de gestión productiva inteligente que promueva la ciencia y la técnica.

    Nelson Piedra
    Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador

  2. grupobunge Says:

    Nelson: Estoy totalmente de acuerdo con vos y Bunge, sin embargo me atrevo a señalar otro factor que juega en contra del desarrollo científico; los mismos científicos. Lamentablemente, parecería que no hay ninguno que se preocupe por entusiasmar a la juventud y congraciarse con el público aficionado. ¿Dónde están los libros de divulagación al estilo “La física aventura del pensamiento” de Einstein/Infeld? Divulgación no es sinónimo de superficialidad o simplicidad como lo demuestran Eistein/Infeld. ¿Dónde están las revistas de divulgación científica económicas? ¿Dónde los científicos dispuestos a refutar enérgicamente el dogma positivista, dogma que domina la imagen popular sobre qué es ciencia?.
    Es necesario que los científicos se involucren más en la vida cotidiana- política, educación, medios de comunicación masivos, etc.- y se interesen por captar a la juventud. Si no, las aulas se seguirán llenando de posmodernidad, oscurantismo y retorismo.

  3. Armando Cabrera Silva Says:

    Esimados, quisiera unirme a la red Bungeana, es de mi interes inmiscuirme este tipo de discuciones que no solo enriquecen el intelecto sino el espiritu de las personas que amamos la ciencia.

    Quisiera referirme al discurso del Doctor Bunge en terminos de que uno de los problemas del desarrollo cientifico es que las las universidades están dando mayor enfasis al número de estudiantes reclutados y a la profesionalización (oscurantismo posmoderno) de los mismos que al desarrollo de la investigación científica, tomando esto como meras estadisticas de eficiencia y aporte social. ¿Como satisfacer las necesidades cientifico-tenológicas de un pais con este enfoque?. Los empresaurios univesitaros (Autoridades) tendrán que cambiar sus políticas de vanidad y enriquecimiento y poner mayor atención a la promoción del desarrollo cientifico (invesigación básica) que haga frente a la falta de pertinencia, calidad en investigación científica de la educación superior en nuestros países.

    Armando Cabrera Silva
    Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador

  4. dante morales Says:

    es importantye lo que dic e el profesor,soy un estuidiante de postgrado en medioambiente y es neceario conocer profundamente laciencia parapoder tenerne alternativ ade vida,para eso es necesario tener la mente lucida y sin par am e t r os .per u

  5. nopiedra Says:

    ¿Cómo interezar a los jóvenes por la investigación?

    Desde la experiencia de cada uno podemos plantear elementos que permitan que los jóvens universitarios vean en la investigación la posibilidad de su realización personal y económica.

    ¿En las actuales circunstancias, ¿se puede pedir a un investigador avanzar mientras esta vive al filo de la nabaja en sus obligaciones económicas y necesidades personales suficientes ?

    Nelson Piedra

  6. Cinista Says:

    Bunge la yea!!!!

  7. fernanda jimenez Says:

    el desarrllo y evolucion de nuestro pensamiento es por tanto un proceso de formacion de conceptos y elaboacion de estructuras mas o menos sistematicas dentro de los cuales estos conceptos se relacionan entre si, pero una vez que articulamos dichos conceptos podemos estudiar estos significados y su relacion por si mismo, es decir podemos reflexionar criticamente y estudiar no solo los conceptos a los que se refiere sino los propios conceptos empezando a analizar la relacion ante nuestra concepcion corriente de los casos deacuerdo a nuestro sentido llegando a nuestro pensamiento cientifico.

  8. Martin Says:

    Dr. Bunge me gu8staria contactarme con Ud. para referirles temas que considero le interesaran. Gracias

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